Opinión

Puntos… y picas…

Puntos… y picas…

SANTIAGO.– El país político está inmerso en una transición en más de un aspecto, estimulado por todo lo que implica la reforma a la Constitución que ha sido fuente de tantos conflictos y divisiones de criterios en los últimos meses.

De este momento extraordinario para el ejercicio democrático se desprenden asuntos claves que tienen que ver con la revisión constitucional, como ya lo fue el tema del derecho a la vida y como en los últimos días han sido la definición de la nacionalidad y la controversia  respecto a la mal llamada “reelección”, con propiedad repostulación.

Otros asuntos  que también crean debates alrededor de cambios a la Carta Magna son el número de legisladores, la extensión del período municipal y congresual próximo, la unificación de las elecciones y la reducción en la composición de la Junta Central Electoral.

Los especialistas sociales dirán que, como se está en un proceso de cambios, que será irreversible en el ordenamiento jurídico, hay una situación de transición y se viven momentos de incertidumbre porque se desconoce cuál será el resultado final de esta coyuntura.

Las entidades políticas tradicionales, después del pacto entre el presidente Leonel Fernández, líder del Partido de la Liberación (PLD), y Miguel Vargas Maldonado, ex candidato del Partido Revolucionario (PRD) y virtual nominado a la misma posición, ha generado la recomposición interna en las organizaciones y también una escisión en el Partido Reformista (PRSC).

Eso explica las  reuniones, los cabildeos y conciliábulos entre actores políticos en la búsqueda de pretendidos “consensos” sobre asuntos conflictivos y el objetivo disimulado de “amarrar”, como se dice en la jerga de la politiquería, para lograr ventajas particulares o grupales, nunca a favor del interés común o de la colectividad.

El ejercicio político ha devenido en un negocio, la actividad con los “clientes” es constante y el modus operandi de las grandes organizaciones las convierte en la práctica en maquinarias electorales que, en base al poder económico, determinan las preferencias para mantenerse en disputa permanente por la hegemonía.

Se vive una especie de inmediatismo político, según las conveniencias, no existe un ideal para la búsqueda del poder, para mantenerlo y, mucho menos para ejercerlo, en el entendido de que todo funcionario o gobernante utiliza un mandato entregado por un mandante soberano, el pueblo, a quien deben responder.

La revisión del pasado, de las experiencias positivas y negativas, puede servir de orientación en momentos de confusión e incertidumbre como los actuales y, también, de senda en la búsqueda de la  perdida ética en la función pública.

Tanto que se menciona a Juan Bosch, primer presidente elegido  y después derrocado luego de la tiranía trujillista, quien fuera fundador de dos partidos, incluyendo el gobernante PLD, y en cuyo gobierno se elaboró una Constitución considerada modelo. ¿Hay interés en abrevar en esa fuente de vida y ética?

El Nacional

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