Luces y sombras
SANTIAGO. Hoy es día del Poder Judicial, fecha de trascendencia y de reflexión, tradicionalmente utilizada para pasar balance al año transcurrido, en audiencias solemnes en la Suprema Corte de Justicia y en las cortes departamentales, escenarios que sirven también para expresar satisfacciones, preocupaciones y proyecciones de cara al futuro.
La fecha adquiere significación especial, porque este poder del Estado se encuentra en medio de cuestionamientos sobre su desempeño, con luces y sombras que generan válidas aprehensiones sobre el presente y porvenir del máximo tribunal, cuyos jueces fueron elegidos en 1996 por el Consejo Nacional de la Magistratura.
En casi 13 años de ejercicio, los miembros de la Corte han realizado una labor encomiable, merecedora de elogios por haber renovado y reivindicado este poder.
No hay dudas de que el Judicial dejó de ser la cenicienta y el dependiente económico y político de los demás poderes estatales, ahora goza de autonomía presupuestaria y financiera, y la contaminación partidista fue reducida a la mínima expresión.
En el año 2008, en términos generales, la Justicia tuvo excelente desempeño con la condena definitiva a los procesados de 2 de 4 escándalos bancarios, los casos Baninter y Bancrédito, pero echó por la borda estos puntos luminosos con el fallo sobre la inconstitucionalidad del contrato de 130 millones de dólares con la Sun Land.
La decisión de inadmisibilidad reveló aspectos preocupantes como la disidencia o división en el seno de la Corte, la falta de liderazgo resaltada por su propio presidente Jorge Subero Isa y, peor aún, sentó el precedente de que restringe o aniquila el concepto de parte interesada para demandar la inconstitucionalidad de un acto o actuación de funcionarios.
La Corte declaró la inadmisibilidad porque los que ejercieron el recurso consagrado en la Constitución, no tenían calidad para ello, o sea que, según el criterio de los magistrados jueces, no eran parte interesada y que en el caso de la especie tal acción estaría reservada a los representantes del Congreso Nacional.
Quizás fue una salida salomónica, una forma de lavarse las manos y sacarle el cuerpo a un asunto que debió decidirse hace tiempo pero que no se hizo porque coincidía con el período electoral y por eso fue en diciembre cuando se emitió el fallo, para que los vientos festivos lo diluyeran en la opinión pública.
Otras decisiones en las que demostró consistencia en su criterio jurisprudencial, lo que es bueno por una parte, pero evidencia sutil sumisión o respeto al Poder Ejecutivo, fueron las de los recursos de inconstitucionalidad de decretos violatorios de leyes y de la Carta Magna en que el presidente de la República nombró síndicos, regidores y suplentes en nuevos municipios.
Entre estas luces y sombras actuó la Corte Suprema. Parece que ya agotó su ciclo y que es necesario una renovación y cambios profundos.
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