Signos de inmoralidad
SANTIAGO. El 2008 terminó cargado de un rosario de inmoralidades públicas de funcionarios e instituciones del gobierno que desdice de las aspiraciones más sanas para que en verdad la nación sea conducida por caminos de institucionalidad, decencia, respeto al estado de derecho, al bien común y a la convivencia pacífica.
Diciembre fue un mes diabólico, en vez de celebraciones de origen cristiano, de confraternidad y esperanzas, fue el período de una sucesión de hechos y comportamientos públicos que obligaron a la protesta ante tanta bajeza, inmoralidad, ilegalidad y charlatanería.
De otros tantos hechos escandalosos que se han ido sustituyendo unos a otros, tres son más que suficientes porque alcanzaron la categoría de botón de muestra del atraso institucional y pérdida de lo avanzado, aunque fuese a paso de tortuga, en los últimos períodos de gobierno.
Esta tríada vergonzante la componen la decisión de la Corte Suprema de Justicia sobre el escándalo Sun Land y aniquilamiento del concepto parte interesada a favor de los ciudadanos, la auto asignación de regalía y otros ingresos por la nueva Cámara de Cuentas, con menos de 90 días, y el insulto del indulto presidencial a condenados por los casos Baninter y Renove.
El nuevo año no está exento de otras situaciones alarmantes y ya en la primera quincena se discute el altruismo del administrador de la Lotería Nacional con el reparto de 27 millones de pesos en juguetes para legisladores, y la vinculación del senador por San Pedro de Macorís, quien lo ha negado, en alegado fraude al Medicare gringo.
Y como para poner más sazón, han sido asuntos de interés permanente el caso Quirino, con novela sobre supuestos poderosos implicados civiles y militares, del sector público y privado, y de las denuncias de acciones criminales de la Policía contra supuestos delincuentes, reconocidos en los ya famosos intercambios de disparos.
La participación de miembros de las Fuerzas Armadas y la Policía en hechos delictivos está a la orden del día y parece asunto rutinario, en específico en sucesos relativos al tráfico de drogas, lo que ha motivado declaraciones, que en el fondo son admisión tácita de la triste realidad, de altos mandos de los cuerpos castrenses.
Este rosario de escándalos de los últimos 45 días, en el que se han obviado temas, es para por lo menos motivar una cruzada nacional que toque la conciencia del pueblo en el rescate de la moral pública y en la exigencia de un mínimo de comportamiento ético de las autoridades.
De poco han valido, pese a sus reportes, los departamentos encargados de combatir la corrupción, y están por verse traducidos a una nueva cultura del servidor del Estado los esfuerzos oficiales por la profesionalización de la función pública vía la carrera administrativa.
Ha llegado la hora de un sacudión moral de la República, hace falta un terremoto en la conciencia del pueblo y del poder político que incide en la conducción del Estado. Quizás no sea mucho pedir.
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