Llegó la hora de la verdad para el destino político nacional. En cuatro días hay elecciones generales y surgirá un presidente de la República distinto que marcará un cambio, sólo de la figura no del partido, o de ambas cosas.
El panorama electoral es confuso, buena parte de ciudadanos sufrió manipulación mediática con percepciones alejadas de realidades, en esta oportunidad, con encuestas y estudios de preferencias como principal distorsionante.
Instrumentos científicos de planificación y estrategia están desacreditados, con honrosas excepciones, a comprobarse el domingo 20, en ambiente triunfalista de uno y otro partido mayoritario, en actitud generadora de temores.
El punto clave a posteriori del proceso con el dictamen de las urnas es la admisión del derrotado, en buena lid o con subterfugios, cual que sea entre Hipólito Mejía o Danilo Medina, quien habrá cavado su tumba política al acostarse las palomas.
Este 20 de mayo está en juego continuismo frente a alternancia, se prueba si el Partido de la Liberación (PLD) puede emular la hazaña del Partido Reformista y Joaquín Balaguer quienes, con procedimientos amañados, ganaron tres elecciones consecutivas, 1966, 1970 y 1974.
Aquel período fue funesto para las libertades públicas y se conoció históricamente como Los 12 años de Balaguer, era de oprobio y abusos. Ahora, las circunstancias son distintas, aunque el control político del presidente Leonel Fernández es mayor.
He ahí un peligro latente para el juego de la democracia. El peso de la figura y acciones de Fernández será determinante para imponer al candidato oficialista (Danilo Medina) y evitar el regreso de su oponente (Hipólito Mejía) del Partido Revolucionario (PRD) fragmentado a lo interno, como siempre.
Los partidos hegemónicos PRD y PLD son similares, hermanos de nacimiento, no encarnan reales cambios en planes y acciones de gobierno, sólo variaciones según intereses coyunturales y grupales emergentes que amparados en poder político son exitosos en negocios paralelos al Estado.
La suerte está echada y el futuro en juego. Más De lo mío contra Pero para todos, frases vacías, lo mismito de siempre.

