El pueblo denota actitud suicida como componente humano de un Estado cuyo territorio, es vulnerado, y su vertiente política, el gobierno carece de autoridad para evitar que sea fallido, esté fuñido y camino del puente para lanzarse al vacío.
Los sucesos alcanzan para enciclopedias de lo insólito y nadie se asombra de frecuentes noticias, inusuales en sociedades civilizadas, evidencia de que la nación se asienta en terreno movedizo, permeado por irresponsabilidad estatal.
Un Estado incapaz de cumplir los compromisos mínimos del pacto fundamental con la población, el contrato que lo vincula jurídicamente con sus ciudadanos y que está materializado en la Constitución, soberanamente irrespetada, ignorada y violada por las autoridades.
No hay justificación ni explicación válida para el intento de robo de cables del puente Duarte. Es el último episodio de sustracciones en cadena de bienes públicos, que incluyen recursos del Estado vía corrupción gubernamental, delincuencia de cuello blanco.
El raterismo barrial es superado con creces. No se trata de romper tuberías de cobre en cocina, ni equipo acondicionador de aire para extraerle metal e intercambiarlo por cheles o droga con inescrupulosos negociantes exportadores, autorizados por Aduanas.
Tampoco es sustraer lámparas en vía pública, cables, tapas de imbornales y alcantarillas, tarjas y placas en plazas y calles, o metales de bustos o estatuas. No, son los mismísimos cables tensores, de acero, del histórico puente capitalino.
No es un robo cualquiera. Es, como califica la Policía, acto de terrorismo que obliga a preguntar a dónde estaban los agentes de orden público que permitieron la acción criminal o si se actuó en complicidad por omisión.
Esto es delincuencia sofisticada. Ingenieros aseguran que para seccionar los cables se necesita equipo especial, para acarrearlo también, y además la ruptura genera fuerzas muy elevadas. Demasiado técnico y harto peligroso.
Aquí roban de todo y sigue la impunidad. Desde avión hasta La Barranquita completa, en Santiago, día a día, ahora mismo. Y a propósito de este crimen, habrá que lanzar del puente, al vacío, a la propia nación dominicana junto a sus autoridades.

