Los recientes acontecimientos protagonizados por estudiantes en el campus de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) y recintos regionales merecen sanción condigna a su envergadura y representan una oportunidad para la necesaria operación limpieza de la casa de estudios.
Se creían tiempos superados los que ahora reeditan grupos de vándalos disfrazados de bachilleres y dirigentes estudiantiles que sembraron el caos en la sede universitaria con saldo de personas heridas y bienes materiales dañados, incluyendo vehículos, uno de ellos incendiado.
La academia pública no debe tolerar esta anarquía, injustificado método de protesta ante decisiones validadas por organismos de gobierno universitario en los cuales estudiantes tienen representación y es allí donde deben expresarse.
Convertir el campus en escenario de confrontación violenta es inadmisible, impedir el libre desarrollo de actividades, atacar propiedades universitarias y privadas, como oficinas y vehículos, son acciones que invalidan cualquier razonamiento o argumento a favor de la protesta.
Mantener prácticamente sitiadas las autoridades académicas impedidas de abandonar el edificio de la Rectoría, provocar generalizada alteración de labores y orden, afectar el derecho al libre albedrío de los demás, son conductas impropias en bachilleres y en ámbito universitario.
Este desagradable incidente, recogido en detalles por cámaras de televisión en transmisión directa y dimensionado por la prensa escrita, es una excelente oportunidad para que la universidad pública comience la necesaria limpieza interior que le permita superar dificultades.
La UASD, con el comportamiento de sus integrantes, es reflejo de la realidad nacional y la sociedad en conjunto, una expresión minúscula y ampliada ahora, del deterioro de la juventud de capas medias y bajas que son sus estudiantes, así como de debilidades en estructura directiva.
Esta es una excelente oportunidad para comenzar a poner orden. Con justicia y transparencia, hay que ratificar sanciones y expulsiones a vándalos responsables de desmanes.
Hay que acabar con los estudiantes profesionales que anidan en la UASD, también con el clientelismo que atrapa cada rectorado, con vicios administrativos y docentes para reactivar la investigación y cumplir la función de extensión universitaria al servicio del desarrollo nacional como laboratorio social.

