La mal llamada reelección -lo correcto es repostulación-, está de moda nuevamente como tema, y ha encontrado de frente no sólo la oposición política, sino el valladar de jerarcas de la Iglesia Católica que se adelantan a satanizarla.
Aunque se juega a la amnesia colectiva, fueron los propulsores del proyecto continuista quienes señalaron el lastre negativo de la reelección. Los actos de reafirmación leonelista iniciados en San Francisco de Macorís con la pretensión de abarcar los cuatro puntos cardinales, con la excusa de cumplir un mandato del Comité Político del Partido de la Liberación (PLD), son actividades de corte reeleccionista.
A pesar del mandatario afirmar que no estoy en campaña, sus acciones muestran lo contrario, y existe una estructura tendente a lograr la falsa percepción de la necesidad del continuismo porque él es insustituible.
El PLD tiene la capacidad, advierte un curioso amigo vía electrónica, de exponer una posición en la prensa y venderla de manera que el criterio que deciden imponer termina permeando y dominando la opinión pública.
Esta vez, sin embargo, la repostulación denota división de criterios en esferas peledeístas, según declaraciones como las de César Pina Toribio, y puede vaticinarse que la satanización del tema se revierta contra el PLD y su insistencia de arrastrar a Fernández a otra modificación constitucional, como la que se llevó de paro a Hipólito Mejía y el PRD en el año 2004.
El elemento nuevo es la posición de la Iglesia Católica, expresada por al menos cinco miembros del Episcopado, quienes en las últimas semanas se han opuesto a cualquier pretensión de reforma constitucional para facilitar la repostulación.
El cardenal López Rodríguez, el arzobispo De la Rosa y Carpio y los obispos Diómedes Espinal, Jesús María De Jesús Moya y Antonio Camilo, además del rector de la PUCMM, han sido directos contra la reelección.
Si se insiste en esto, vale suponer que la Carta Pastoral del Episcopado en enero le pondrá la tapa al pomo y validará la satanización de la reelección.

