Legado de Mandela celebra la vida
Nelson Rolihlahla Mandela, nacido el 18 de julio de 1918 y fallecido el 5 de diciembre de 2013, pasa a la inmortalidad.
Su vida puede resumirse en lucha por derechos políticos de su pueblo, prolongada prisión, excarcelación, proselitismo y liderazgo mesiánico, ejercicio presidencial histórico, padecimientos físicos y fallecimiento que enluta al mundo.
La desaparición física del político y abogado, de 95 años, 27 de los cuales pasó encarcelado injustamente por sus ideas de igualdad y redención de la mayoría de sudafricanos, por extensión de la humanidad, sirve para rememorar su imperecedero legado.
La impronta del que sus compatriotas llamaban Madiba es trascendente, rompe barreras, derriba fronteras y expande su efecto por todo el orbe, precisamente en la denominada era de la globalización, conocimiento y telecomunicación.
Su ejercicio como presidente de la República de Sudáfrica, (1994-1999), primer negro en ganar esa posición en un país durante cuatro decenios dominado por brutal segregación racial impuesta por la minoría blanca, coronó su lucha por eliminación del apartheid.
Hoy, que el mundo llora su muerte, que más de cien dignatarios mundiales asisten a sus exequias como si fuese una cumbre histórica, se extiende ese legado que implica fortaleza para resistir, perdón, tolerancia, humildad, unidad y enseñanza a su pueblo y al mundo del respeto a derechos humanos, dignidad y libertades individuales.
Mandela es parte del reducido grupo de seres inmortales del siglo XX. Su lugar en la historia contemporánea está al lado de Martín Luther King, Mahatma Gandhi, Juan Pablo Segundo y la Madre Teresa de Calcuta, un quinteto de estrellas que brillan cada día por la paz y la libertad.
Su muerte física es celebración de la vida, júbilo alrededor de un símbolo supremo de resistencia, dignidad, verdadero Mesías de los sudafricanos oprimidos, último gran luchador mundial de la centuria pasada.
¡Gracias, Madiba!
Carlos Manuel Estrella
puntosyenfoques@hotmail.com
