¿Por dónde comenzar?
Haití es tema recurrente en la opinión pública global. Tuvo que ocurrir una tragedia de las dimensiones del terremoto del pasado 12 de enero para que el mundo se diera cuenta de las penurias del país más pobre del hemisferio occidental y todos acudieran en su ayuda.
La solidaridad hacia este paupérrimo pueblo proviene de todos los confines. Deportistas, artistas, políticos, religiosos, empresarios, humanistas, gente común y corriente se ha sensibilizado y han roto barreras que impedían ver la desgracia de más de nueve millones de personas que viven por debajo de la línea de pobreza.
El problema actual es que los auxilios para los haitianos, en personal y recursos, desbordan la capacidad logística de sus estructuras para canalizarlos y por eso ha habido saqueos y escenas alarmantes en los repartos de la ayuda humanitaria externa.
En un país en que faltaba todo, el terremoto empeoró la situación. El gobierno también quedó damnificado, el presidente René Preval sin despacho por la destrucción del Palacio Presidencial, y sin hogar por la pérdida de su vivienda, el Parlamento también derribado por el seísmo y más de una veintena de legisladores sino muertos al menos desaparecidos.
¿Qué hacer ante este panorama? La intervención extranjera humanitaria es bienvenida siempre que se respete la soberanía haitiana y, en consecuencia, resulta desagradable para los internacionalistas la ocupación militar pacífica de Estados Unidos que ha tomado el control clave de puertos y aeropuertos, además de tener una fuerza de miles de marines para seguridad y orden.
Esto obliga a cuestionar el papel de las Naciones Unidas y su misión para la estabilización de Haití, conocida por sus siglas Minustah, fuerza multinacional cuya labor pasada y presente entra en conflicto con la de militares estadounidenses.
La pregunta por dónde comenzar es clave, porque en un Estado fallido, inviable para los especialistas, hace falta todo y más que la ayuda en recursos materiales para la reconstrucción del país, es necesaria la estructura institucional de soporte, el gobierno formal como conjunto de órganos para la administración efectiva del territorio en orden, paz, seguridad e integridad.
Es oportuno que Haití labre su propio destino, con ayuda externa y sin neocolonialismo. Por ahí debe comenzar.

