Un segmento importante del pueblo, identificado como clase media indignada, se ha levantado e insubordinado pacíficamente contra el Estado por la inmunidad e impunidad de funcionarios gubernamentales, antiguos y actuales, que dilapidaron u obtuvieron recursos vía fraude y corrupción.
Todo ha explotado a propósito de la aprobación congresual de la reforma tributaria que obliga a esa clase a pagar más impuestos para tapar el hoyo fiscal superior a 180 mil millones de pesos, según cifras oficiales, agravado en gobiernos del PLD.
Desde el poder se ha jugado a la ignorancia del pueblo, a incurrir en errores conscientes, mentiras, como parte de estrategia comunicacional favorecida por empresas mediáticas adormecidas y en ocasiones cómplices.
La parte más sufrida del pueblo se ha cansado de lo mismo. Está harta y dispuesta a lanzarse a calles para protestar contra nuevas imposiciones gravosas que solo se justifican en abuso de poder y control absoluto del aparato legal.
El gobierno es favorecido por ausencia total de verdadera oposición política porque el PRD transita un irreversible camino divisionista y sus figuras se desangran entre sí, lejos de cumplir la función de contrapeso y crítica constructiva y propositiva al gobierno.
Eso explica la reacción de la clase media y agresividad de jóvenes que, al margen de partidos, usan redes sociales como plataforma de convocatoria, debate y críticas, así como establecimiento de responsabilidades mayores al expresidente Leonel Fernández.
En la sociedad globalizada actual no debe ignorarse la trascendencia de esto, que ya se reproduce con manifestaciones similares de la diáspora en Estados Unidos, ejemplo Nueva York, y Europa, caso Francia, lo que minará sin dudas la imagen internacional forjada por Fernández desde el poder.
Ni tampoco olvidar que en el mundo árabe, Medio Oriente y Europa y hasta en Latinoamérica se producen manifestaciones parecidas que en casos logran desalojar del poder gobiernos y mandatarios, en una oleada global estimulada por redes sociales.
En el país se impidió instalar cementera en Los Haitises y otras amenazas ecológicas son rechazadas. Ojo, entonces, a la indignación actual contra la reforma fiscal.

