Ideario y vigencia de Duarte
El modelo de ideólogo, político y líder de la República desde su gestación, seis años antes de 1844 es Juan Pablo Duarte y Díez, joven de clase acomodada que se despojó de bienes y hasta de la vida para legar a la nación incubada en La Trinitaria.
Esa figura se agiganta. Su pensamiento cobra mayor actualidad ante los despropósitos de quienes debieran apegarse, en el ejercicio público, a las ideas duartianas, y realizar un desempeño para beneficio colectivo.
La concepción de la República nacida el 27 de febrero de 1844 tuvo como documento básico el juramento de los nueve fundadores de La Trinitaria, cuyos postulados son actuales como el primer día, pero letra muerta para quienes gobiernan.
Los hombres sin juicio y sin corazón que señalaba el patricio, hoy como ayer, conspiran contra la salud de la patria y no han sufrido el escarmiento que él mismo aconsejaba, como traidores que maquinan contra la equidad y el orden democrático.
Duarte no tuvo ambiciones personales, no aspiraba a dirigir el Estado para para hacer negocios privados desde la función pública, tenía una concepción del funcionario como ciudadano pulcro y comprometido.
La esencia de sus ideas, plasmada en la Constitución, a pesar de la evolución que significa el tiempo transcurrido de casi 170 años, es un conjunto de enunciados retóricos que necesitan ser materializados para que los ciudadanos reciban beneficios dentro del sistema democrático vigente desde el nacimiento de la República.
Al celebrar el natalicio del fundador de la patria, el compromiso de cada dominicano, sobre todo de quienes ejercen la función pública, es reivindicar el pensamiento duartiano, seguir su ejemplo de vida austera, desprendimiento material a favor de la causa libertaria, y vencer la ignorancia para que cada ciudadano reciba lo que merece conforme al ideal de justicia en democracia.
El proyecto de Constitución de Duarte, a propósito de los debates de temas constitucionales, es un abrevadero que puede arrojar luz en momentos de oscuridad, ofuscación y obstinación de quienes detentan el poder.

