Candidatos y campaña
La proximidad de la fecha tope para inscribir candidaturas políticas ante la Junta Central Electoral ha puesto de nuevo en evidencia el modus operandi de los partidos y sus dirigentes para seleccionar postulantes a cargos del Congreso Nacional y ayuntamientos.
Las organizaciones partidistas mayoritarias, con amplia experiencia en el control y retención del poder con todas sus implicaciones, ratifican que el ejercicio moderno de la política se basa en el aprovechamiento para beneficio particular de recursos provenientes de las funciones públicas, como primera ventaja frente a sus oponentes.
A lo interno de los partidos, el factor económico como soporte de las campañas proselitistas es el mejor aval para ganar el favor de los conmilitones, porque se han dejado de lado y son pieza de anaqueles los programas de gobierno y postulados ideológicos.
La frase popular papeleta mató a menudo, en alusión a la fuerza del dinero como insumo para la motivación del fanatismo y decisión política, se ha impuesto con creces y con ejemplos más que ilustrativos en los procesos internos de los partidos mayoritarios. Las muestras están a la vista.
El perfil del candidato ideal para la función pública que sea, en estos momentos para ejercer de regidores, alcaldes, diputados o senadores, está condicionado a la disponibilidad económica para financiar una campaña, siempre millonaria, y poder boronear, que no es más que repartir dinero entre los seguidores en una especie de compra-venta de la intención de voto.
El candidato de hoy está alejado del programa o de la propuesta de acciones ofertada a los electores, es a veces un analfabeto funcional o ignorante elemental de aspectos claves del puesto a que aspira, y no piensa ni en lo remoto en el interés colectivo, sino que busca un cargo en base a la rentabilidad para obtener beneficios privados a partir de la función pública.
Ahora, como expresa el poeta, todos tenemos un precio, todo se compra y se vende, el traficante y el artista intercambian sus divisas, el esclavo como el rey tienen idéntica piel, en el mercado electoral se ofertan lealtades, encuestas, percepciones, manipulaciones y, obviamente, candidaturas.
El negocio político está de zafra en estos momentos en el país.

