Opinión

PUNTOS…Y PICAS

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De “asesores” y drogas

Las cosas que ocurren en el país son dignas de episodios macondianos del Gabo, parecen de novela o trama bien urdida y mal presentada como ofensa a las inteligencias menos desarrolladas, o la ignorancia popular, por sus notables visos de incredulidad que asombran.

El prófugo boricua José Figueroa Agosto ha sido convertido en una celebridad y protagonista mediático permanente con acciones, reales o no, que significan un desafío a la autoridad, burla a la institucionalidad y, al mismo tiempo, complicidad o sospechosa incapacidad de funcionarios públicos.

Tal el caso del intocable “asesor de drogas” del Poder Ejecutivo, cuya última osadía mediática se refiere a una segunda llamada telefónica difundida por el programa radial “El gobierno de la mañana”, que es atribuida al tal Figueroa Agosto, pero que el funcionario palaciego desmiente con datos espeluznante que obligan a su cuestionamiento.

El “asesor” niega que el autor de la llamada fuese el prófugo y, por el contrario, asegura que se trató de un testaferro, a quien identifica por su nombre y le atribuye condiciones de matón a sueldo por instrucciones del fugitivo, quien está aquí.

“No fue él que llamó, sino Jefrey Torres, su asesino, el sicario que él tiene aquí”, según la reseña del Listín Diario del pasado 28 de febrero, que indica hace años este sujeto está en el país.

Esta “revelación” expresada con tanta seguridad, de persona tan bien informada, investida de autoridad como funcionario con despacho a pocos pasos del presidencial en el Palacio Nacional, obliga preguntas lógicas y directas, cuyas respuestas sí serían un “palo” periodístico.

¿Cómo sabe el “asesor” que no es Figueroa Agosto? ¿Con qué base asegura que es Torres? ¿Por qué, entonces, Torres no ha sido capturado, si es un sicario, conocido, que ha matado gente aquí? ¿Por qué esa información la maneja el “asesor” y no quienes persiguen al prófugo?

Los cuestionamientos son más profundos aún. ¿Cómo el “asesor” sabe todo esto, lo proclama como verdad absoluta, y su jefe, el presidente de la República, no toma acción? ¿Es todo esto dirigido desde arriba para mantener entretenida a la opinión pública y desviar la atención de otros asuntos?

Es mejor, no hacer más preguntas.

El Nacional

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