Opinión

Puntos… y picas

Puntos… y picas

De cuentas, cuentos, olvidos y memoria

Rendición de cuentas no es reseña histórica de  medio siglo de vida económica, política y social, tampoco comparación con gobiernos anteriores, porque el mandato constitucional precisa  presentación de memorias del último año de ejercicio.

Olvidos, calculados o no, fueron notorios en el discurso de 1:57 hora del presidente Leonel Fernández en la reunión conjunta de las cámaras legislativas del 27 de febrero, en que no satisfizo expectativas de la población.

El tema de la “reelección” estuvo ausente pero fue permanente el último año, por igual los precios de los combustibles y la frecuente implicación de autoridades en narcotráfico, sicariato y otros crímenes.

La asignación de recursos para la educación, en violación a una ley de 1997, no se justifica porque estudiantes dominicanos tengan igual o mejor desempeño que franceses y que naciones europeas no midan resultados en función de presupuesto.

Los escándalos con el desayuno escolar dominaron 2010 pero el mandatario los ignoró, igual las denuncias de enriquecimiento ilícito de funcionarios, que hacen irrelevante delegar al Ministerio Público eventuales sometimientos si falta voluntad política para enfrentar “indelicadezas”.

El crecimiento del empleo y disminución de pobreza, avalado por datos de la Cepal, no es percibido por la población que en cambio siente la pérdida de trabajo por cierre de empresas y multiplicación del “chiripeo”, ocupación informal o temporal.

Los éxitos en materia de Salud Pública son indiscutibles y por eso el ministro del área se llevó piropo y elogio del Presidente por desempeño y correcto manejo de la epidemia de cólera.

El apoyo a la  educación superior es indiscutible, sin precedentes. Sería mezquino restarle méritos; pero centros mencionados por el mandatario no corresponden al último año.

El desbordante optimismo, correcto desde el liderato nacional, no debe llevar al ilusionismo ni al  acomodamiento de cifras, datos y circunstancias que la gente no comparte. Esto provoca desilusión, desinterés e incredulidad en la palabra presidencial.

El Nacional

Es la voz de los que no tienen voz y representa los intereses de aquellos que aportan y trabajan por edificar una gran nación