La campaña electoral está reducida al enfrentamiento verbal mediático entre candidatos de partidos mayoritarios en que falta sustancia, exposición y debate de temas esenciales de la vida nacional y propuestas de soluciones desde el poder.
Quienes pretenden mantenerse como partido conductor del destino nacional, con el presidente del PLD a la cabeza, están congelados en el año 2004, inicio de la segunda gestión de Leonel Fernández, y olvidan su primer mandato del cuadrienio 1996-2000.
No es fortuito, obedece a esquemas preconcebidos para culpar de lo malo al opositor, presentarlo como pésimo y advertir el peligro que representa, en su criterio, el regreso de Hipólito Mejía al control del Estado.
En cambio, los perredeístas son la misma cosa en otra envoltura, como diría el refranero, con candidato a todas luces más popular y de mayor carisma, pero chabacano, con discurso orientado al populacho en lenguaje llano, con lema de contagio emocional sin profundidad, con falta de conceptos.
Danilo Medina, candidato del PLD, es la antítesis de Mejía. Un hombre que conceptualiza, repite un discurso trillado sobre los mismos temas y que sabe lo que hará, pero tiene en contra la falta de carisma, del ángel del artista o pegada del boxeador.
Peledeístas y perredeístas cada vez se parecen más unos y otros, aunque compararlos ofenda, no hay expectativa de cambios reales a partir del 16 de agosto y su similitud es genética. Son hijos del mismo padre.
Su enfrentamiento se definirá con los recursos y capacidad de captar votantes dentro de su clientela explotada en base a pobreza e inconciencia de esa población casi residual que sufraga con el estómago, no con el cerebro, por quien mejor pague, prometa o garantice prácticas parasitarias.
El poder aventaja la oposición y a Mejía podría ocurrirle similar que a Medina en su lucha interna contra el presidente del partido y de la República, mientras se diluye el posible cambio real, porque las fuerzas emergentes no se consolidan ni tienen peso para romper el clientelismo. No pueden competir de igual a igual con el poder.

