Opinión

PUNTOS… Y PICAS

PUNTOS… Y PICAS

La apertura del Ecoparque Rafey es, sin dudas, la más importante obra realizada por el síndico reformista José Enrique Sued a lo largo de la historia de sus tres períodos de gobiernos municipales, los últimos dos consecutivos, por el impacto ambiental que tiene y la frontera que marca en la disposición final de los residuos sólidos de Santiago.

Con la inauguración del complejo para el tratamiento integral de los residuos sólidos del municipio queda atrás el traumático vertedero a cielo abierto de Rafey, que tantos dolores de cabeza provocó a los santiagueros por más de veinte años y concluye un lustro de transformación gradual en relleno sanitario con celdas modelo.

Es un cambio del cielo a la tierra. Hay que verlo para entender el proceso de reclamos comunitarios, enfrentamientos políticos y lucha de intereses económicos alrededor de los desperdicios o basura, que son atractivo negocio en todas partes, que ha culminado en una primera etapa con este ecoparque, de más de 600 mil metros cuadrados y vida útil proyectada a 2027.

Han sido atenuados en unos casos y superados en otros, problemas permanentes de insuficiencia de equipos y sistemas para la recogida y traslado de la basura, las discusiones sobre privatización del servicio, el pago de millonaria deuda a empresas particulares y la disposición final de los residuos, todo en una conjunción de voluntades y aportes nativos y externos.

El gobierno municipal, es decir, el ayuntamiento, finalmente se decidió por transformar a Rafey y aceptar la generosa colaboración material y humana del gobierno de Japón, porque lo que ha ocurrido en el hoy ecoparque está avalado por la metodología mundial más famosa, la Fukuoka , y tiene respaldo además, de España y del empresariado de Santiago. No se ha improvisado.

Esta primera etapa, con una inversión de más de 700 millones, que incluyen pago de deuda a empresas recolectoras privadas (280), adquisición de nuevos equipos y facilidades para el manejo de los desperdicios (200) y centro de mantenimiento, implican también mejoramiento del entorno, control de los necesarios “buzos” y desarrollo del negocio de reciclaje.

Este nuevo avance de Santiago, modelo en el país y más allá, marca un antes y un después, otro hito y referente.

El Nacional

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