Opinión

PUNTOS… Y PICAS

PUNTOS… Y PICAS

A 50 días de cumplir ocho años como obispo de Roma sucesor de San Pedro, el Papa Benedicto XVI renuncia para volver a ser el cardenal Joseph Ratzinger, suceso cuyo precedente más cercano dista casi seis centurias (1415) cuando Gregorio XII dimitió.

Este hecho encierra variadas lecturas. Es gesto extraordinario de humildad y grandeza porque Ratzinger deja privilegios y distinciones que lo ubicaban casi fuera del mundo terrenal y se retira al anonimato, vida en monasterio de clausura, entre rezos, soledad y reflexión.

Las razones que expone para dimitir son válidas y creíbles: la salud e incapacidad física a 85 años para ejercer bien el ministerio encomendado, según expresiones que no dejan espacios a duda, pese a reveses en su lucha contra la pederastia sacerdotal y escándalos bancarios vaticanos.

Su pontificado ha sido, como se esperaba, de transición al relevar el histórico papado de 26 años de Juan Pablo II con ejecutorias sin precedentes como la petición de perdón a la humanidad por crímenes de la iglesia católica vía la Santa Inquisición.

Las expectativas están en torno al sucesor. Si volverá a ser italiano, porque los dos últimos han sido polaco y alemán, o si continuará esta tendencia y por primera vez el Colegio Cardenalicio escoja un latinoamericano o africano como jefe de la iglesia católica universal.

América concentra casi la mitad de católicos del mundo y Brasil, el gigante suramericano, es el territorio con más feligreses, que le pondría en ventaja si el factor electoral dominante fuese geopolítico,  porque en otro aspecto, los cardenales europeos son mayoría como votantes.

 Los católicos necesitan un Papa parecido a Juan Pablo II, joven y fuerte para liderar espiritualmente la feligresía tentada a desviar responsabilidades religiosas ante el ímpetu del mercantilismo y utilitarismo actual, en respuesta al gesto humildad y grande de Ratzinger.

El Nacional

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