Hace sólo tres años y la amnesia colectiva le beneficia, como ocurre con frecuencia en territorios cuasi macondianos como el quisqueyano, donde el pueblo olvida hasta historias recientes y corre el riesgo de repeticiones con cambalache de actores. Hace tres años del desagüe criminal de la presa de Tavera, a razón de tres mil metros cúbicos por segundo, que durante la madrugada del 12 de diciembre de 2007 provocó la mayor crecida que se recuerda del Yaque del Norte con inundación de sectores urbanos, pérdidas humanas oficialmente imprecisas y daños materiales millonarios.
El acontecimiento provocó ira e indignación y respuesta inicial displicente y acomodaticia de las autoridades que eludieron su responsabilidad en el manejo del embalse y quisieron aliarse al tiempo para olvidar el suceso, en el entonces apogeo de la campaña electoral a destiempo a cinco meses de votaciones presidenciales.
Una revisión del caso comporta múltiples enseñanzas y hasta un balance positivo y salvador, en el orden político, para el presidente de la República en lo referente a la plaza electoral de Santiago, quizás por aquello de que no hay mal que por bien no venga.
Aquel gran tropezón hizo levantar los pies al gobierno y demostró la fuerza de grupos cívicos decididos a exigir derechos y de una opinión pública responsable.
(La discusión actual del 4% del PIB para la educación es buen ejemplo).
Hace tres años, las autoridades no quisieron establecer responsabilidades en el manejo criminal de la presa y formaron una comisión oficial, como es usual, para entretener al pueblo, que dio respuesta inmediata al crear la Comisión de Santiago que, con técnicos, profesionales y ciudadanos conscientes, hizo una indagación paralela rápida y creíble.
Esa comisión, de la que fue parte el autor, documentó fallas de las autoridades, por hacer y por dejar de hacer, en la operación del embalse y logró que hoy se apliquen sus recomendaciones para evitar que se repita el suceso y haya celo extremo con el nivel de Tavera, extraordinaria ganancia de experiencia y prevención… Valió la pena.

