Las comparaciones, siempre odiosas, también son ilustrativas y didácticas, más en esta era en que los medios de comunicación colocan al pueblo como espectador distante y al instante de acontecimientos mundiales.
España vivió un fin de semana histórico con las elecciones municipales y autonómicas de resultados catastróficos para el gobernante Partido Socialista Obrero Español (PSOE) que ha sufrido su peor derrota a manos del Partido Popular (PP).
Era, para analistas y según encuestas, resultado esperado, aunque no tan contundente. El PSOE fue superado en más de dos millones de sufragios. El PP logró casi 8.47 millones frente a 6.27 del socialismo.
El mapa de comunidades autonómicas está teñido de azul casi completo y el de las municipales tiene apenas un punto rojo para el PSOE, lo que significa que la pérdida para el partido gubernamental es tan contundente que sectores plantean adelantar las presidenciales de 2012.
Desde el advenimiento del nuevo modelo constitucional de democracia funcional tras el final del franquismo, con activa participación de ciudadanos y constante debate mediático entre gobernantes y opositores, España es buen referente de ejercicio político y este proceso deja lecciones.
Los líderes del PSOE han admitido la derrota. Su principal figura, el presidente del gobierno, ha sido honesto y realista y califica el voto como castigo, atribuyéndolo en gran parte a la crisis económica y al desempleo.
Este dato es significativo y debe ser referente para el país, que tiene precedente del voto castigo, en contra de no a favor, así como el impacto de la situación económica en la intención electoral. Los ejemplos de 2003 y la actualidad están ahí.
Otro dato importante es el voto inconformista o de protesta, equivalente aquí al ningunismo, que en España alcanzó niveles sin precedentes: casi un millón en blanco, duplicando los del año 2008.
Las elecciones españolas indican que el ciudadano castiga al gobierno y su voto es influenciado el bienestar o malestar económico que perciba.

