Opinión

PUNTOS… Y PICAS

PUNTOS… Y PICAS

Ha muerto un patriota, persona que tuvo amor por la patria y procuró siempre el bienestar colectivo, bienhechor, hombre de fe, tesón y esperanzas que vivió con pasión su entrega al trabajo y la educación, que valoró las riquezas naturales y humanas como instrumentos transformadores.

Manuel Arsenio Ureña Guzmán, aquel joven serrano llegado a la ciudad con el objetivo de dejar la pobreza y tener éxito como comerciante de provisiones en Santiago, ha terminado sus días terrenales víctima del cáncer de páncreas que le arrancó la vida, no su obra.

Ha dejado el mejor legado familiar y nacional: educación. Una estela de acciones de impacto socioeconómico que perdurarán y comenzarán a dimensionarse más ahora, tras su desaparición física, porque buena parte de ellas fueron anónimas, como convencido filántropo.

Su bandera de vida fue educación y trabajo, con mérito indiscutible y estimulante para otros empresarios de erradicar el analfabetismo de su campo natal, Guama de San José de las Matas,  y extender este propósito a otros lugares con su financiamiento.

Como comerciante fue emprendedor y visionario. Supo adaptarse a los tiempos, asumir riesgos y superar dificultades que imponen cambios en los negocios, sin descuidar la responsabilidad social ni afectar su mecenazgo en educación y cultura.

Decenas de jóvenes fueron favorecidos con becas de Manuel Arsenio Ureña, con apoyo silente y solidario de su esposa, Camelia Rodríguez, con vocación de maestra, y muchas mujeres serranas también encontraron en centros de madres la vía para ser productivas y autosostenerse.

Una labor de filantropía y educación de enorme trascendencia, ejemplo práctico de entregar la caña en vez de regalar el pescado, también con impacto en medio ambiente desde el Plan Sierra, que presidió, y como innovador en la agroindustria con cultivos de macadamia, aguacate y otras variedades.

Manuel Arsenio Ureña fue un verdadero patriota, en el anonimato y en público, cuando fue regidor en Santiago, siempre creyó en la educación como poderosa arma de transformación y progreso. Con más ciudadanos como él, empresarios comprometidos, habrá una mejor República Dominicana. Paz a sus restos.

El Nacional

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