El pasado viernes por primera vez en mi vida, tuve la oportunidad de intercambiar palabras con un Presidente de la República Dominicana en funciones, y debo reconocer que la experiencia resultó un tanto distinta a lo que esperaba.
No tenía que pedirle nada al jefe de gobierno, puesto que el día que tenga que estar mendigando dinero o favores del Estado sería el día en que yo fracase en todos los aspectos que me definen como persona. Por lo que, de ese lado no tenía nada que decir.
Personalmente me encantaría haber podido hablar un poco sobre la noticia (o creciente rumor) de la compra de Ede Este por parte del Estado dominicano, lo que considero un error terrible para el sector eléctrico. Pero dadas las circunstancias y el poco tiempo, no parecía lo más adecuado a tratar.
Pude haber tratado de obtener su parecer al respecto de la situación económica internacional, la quiebra de General Motors, los temores de hiperinflación en Estados Unidos, y las medidas que se han ponderado en República Dominicana, sea para aminorar los efectos negativos, o para sacarle provecho a favor del país.
Pero lo que realmente deseaba hablar con el Presidente eran temas más político-filosóficos, como contraponer los ideales del socialismo, la social democracia, o el animal deforme de políticas de Estado que se ha aplicado durante décadas en nuestro país, frente al modelo libertariano derivado del positivismo clásico. Sé que algo así sería más entretenido y estimulante, pero ese tema es imposible desarrollarlo adecuadamente en una conversación de menos de 30 minutos.
Ante tal disyuntiva, luego de responderle algunas preguntas acerca de mi vida profesional, le pregunté por el disco que más ha estado escuchando en estos días de The Beatles, banda que confesó ser su favorita en una ocasión, a lo que el respondió con lo que la bulla del sitio me permitió entender como Hey Jude. Un álbum compilatorio lanzado por la banda en 1970 que incluye canciones como Cant Buy Me Love, Revolution y la famosa Hey Jude.
Le mencioné que actualmente he estado inmerso en el mundo del Sgt. Peppers Lonely Hearts Club Band, a lo que sonrió y dijo algunas palabras para mí inaudibles, antes de ser bruscamente interrumpidos por un grupo de invitados al acto. Me alejé tarareando When Im Sixty Four una de las canciones que contiene ese clásico y quizás el más importante disco hecho en los últimos 50 años.
Admito que es un tema de conversación un poco inusual para iniciar con un Jefe de Estado, pero he comprobado que ninguna buena discusión de política se inicia sin un buen debate de música, y no se sostiene si no es ambientado por un buen disco.
Así espero para la próxima ocasión, si algún día llega, con un poco de más tiempo y quizás menos presión, hablar con el Presidente de las virtudes del positivismo y el liberalismo clásico y las desgracias del progresivismo moderno, todo al compás de Being For The Benedit Of Mr. Kite o un Eleanor Rigby.

