La crisis en despliegue es una crisis de madre, padre y señor nuestro. Confluyen varias crisis, internas y externas, en una grandota. No es una simple crisis financiera. Es una crisis sistémica del capitalismo mundial, de su variante neoliberal, con fuerte componente de sobreproducción y graves problemas de vida planetaria. Y ni Checheré* el mago, evita el impacto desgarrador sobre nuestro pequeño país de su propia crisis acumulada y de la que viene encima desde fuera como consecuencia del desplome de la economía capitalista mundial.
En tan graves circunstancias las propuestas, para ser eficaces y duraderas, deben tender a superar el neoliberalismo y el proceso de empobrecimiento que genera. A groso modo es imperativo:
– Desprivatizar lo privatizado.
– Eliminar el lucro privado y/o estatal en el sector eléctrico, recuperación de su unidad integral, restauración de su condición de servicio público; contemplando a la vez su gestión eficiente, la reducción de los altos cotos, la reconversión de las fuentes energéticas, la transformación tecnológica en función del interés nacional y popular. Y esto debe acompañarse del diseño de un plan de reducción del consumo de electricidad a escala nacional, de la modificación de las tarifas, penalizando el alto consumo de lujo y protegiendo su uso productivo.
– Cooperativizar el transporte a escala nacional.
– Diseñar de un presupuesto de ingresos y gastos de divisas, a fin de eliminar el dispendio, obtener nuevas fuentes y emplearlas fundamentalmente en inversiones reproductivas, necesidades básicas de la población y renglones vitales y/o prioritarios.
– Dejar sin efecto el TLC y hacer de política arancelaria palanca de nuevo modelo productivo nacional tendente a la superación de la dependencia alimentaria y a garantizar el desarrollo integral con justicia social.
– Establecer, sobre la base de un nuevo consenso entre los productores de alimentos, medicinas y demás productos de primera necesidad, los comerciantes detallistas y el Estado ( INESPRE y otros resortes), un nuevo sistema de distribución y precios.
– Reducir los intereses bancarios destinados a la producción y a los servicios prioritarios. Crear nuevas entidades de créditos de carácter social. Transformar el Banco Agrícola en el Banco de la Reforma Agraria y de los pequeños y medianos productores
– Prohibir durante un periodo la importación de automóviles para uso privado y mercancías de lujo.
– Reducir los gastos corrientes del Estado y aumentar los gastos de capital en obras prioritarias. Establecer un riguroso plan de austeridad.
– Suspender o declarar una moratoria de pago de la deuda externa, ya pagada varias veces. Propiciar un movimiento continental a favor de su anulación.
– Asumir control de la refinería, asociarnos a Venezuela en la construcción de una nueva, eliminar la intermediación de los consorcios extranjeros distribuidores de los derivados del petróleo, reducir los impuestos y precios a los combustibles. Iniciar, en sociedad con Venezuela, las exploraciones petroleras en las zonas en las que hay indicios de yacimiento. Invertir en paneles de energía solar y otras fuentes alternas de energía.
– Bajar el ITBIS a todos los alimentos y servicios básicos, penalizar en grande el consumo de lujo, las propiedades ociosas y las grandes ganancias.
– Aumentar los salarios mínimos y medianos en función de la inflación.
– Emprender la reforma agraria aplicando y profundizando las leyes agrarias vigentes.
– Recuperar los dineros y bienes robados al Estado por la vía de la corrupción.
– Detener la depredación. Ejecutar un plan de saneamiento ambiental y recuperación ecológica.
– Elevar la inversión en salud, seguridad social y educación pública, y revertir la privatización y comercialización en ambas vertientes.
– Un accionar enérgico en estas direcciones, exige de la recomposición de la unidad y movilización de todos los componentes del movimiento social-popular, de las izquierdas y los gremios.
Y como esto nos remite al tema del poder, precisa de una estrategia de creación y ruptura dirigida a aprovechar la tendencias a la inestabilidad y a la crisis de gobernabilidad para crear las condiciones que posibiliten, junto a la construcción de una fuerza transformadora. el cambio de gobierno o una nueva situación que posibilite abrir un proceso hacia una nueva institucionalidad, invalidando el Congreso actual en materia constitucional.
