El Partido Revolucionario Dominicano (PRD), fundado en Cuba en el año 1939, es el decano de los partidos políticos en la República Dominicana, después de la dictadura de Rafael Leonidas Trujillo.
Es difícil competir con el PRD en lo que se refiere a las pugnas internas, luchas grupales, y hasta divisiones. Pero de la misma manera, como el ave fénix, este partido ha sido capaz de reconstruirse y recuperar las fuerzas, que le han permitido retornar al poder.
La vuelta al bipartidismo, aunque sea coyunturalmente, quiérase o no, obliga a los dominicanos a inclinar sus preferencias electorales, a favor del PLD o del PRD. En el horizonte no se vislumbra, por el momento, otra opción con posibilidades de poder, diferente a las banderas morada o blanca.
Por enésima vez, surge en el PRD una lucha fiera por el control del partido. Un sector encabezado por el ex presidente, Hipólito Mejía, minoritario por demás, desesperadamente agota sus últimas energías, con la pretensión de preservar aunque sea un chorrito de poder, que le permita conservar una relativa vigencia en el seno de esa organización política.
La repentina renuncia del PRD, de Vicente Sánchez Baret y del licenciado Rafael Calderón, principalmente, dos prominentes miembros del denominado PPH, pone de manifiesto las causas del conflicto y el nivel de radicalización a que se ha llegado.
El ingeniero Miguel Vargas Maldonado, presidente del PRD, y casi seguro Candidato presidencial en el 2012, cuenta con un amplio apoyo de las masas perredeístas. Sus posibilidades de triunfo están vinculadas a su capacidad para construir la unidad del PRD, sofocando la crisis interna, y evitando la dimisión de otros dirigentes.
Imponer la disciplina en un partido como el PRD, no es tarea de un día. Miguel Vargas, si quiere alcanzar la Presidencia de la República, tiene que aplicar mano dura, pero también tiene que aprender a pasar la mano. En el PRD hay caciques, que no se dan cuenta de que su carnaval pasó, y ya no representan a nadie. Con ésos hay que ser inflexible, no así con otros dirigentes novicios, todavía con tiempo para cambiar de conducta.
El presidente del PRD, en ocasiones se ha equivocado, y debe admitirlo. Esa actitud, lejos de disminuirlo, lo va a engrandecer.

