Un doctor sale del quirófano y se dirige donde un grupo de familiares y amigos que esperan ansiosos, y le dice: La operación fue todo un éxito, pero el paciente murió. Miguel Vargas es el médico y el PRD el paciente.
La verdad que no admite discusiones, es que el PLD ganó. La otra verdad es que Miguel ha perdido dos elecciones consecutivas. Y, si resulta candidato a la Presidencia, cosa que dudo, volverá a perder. El PRD no llegará al poder con él. Es la última verdad.
Además de intentar convencer a las bases de los avances obtenidos por el PRD porque aumentó la nómina de diputados y alcaldes, algo que también logró el PLD, Miguel Vargas afirma que el fraude y el uso de los recursos del Estado son las causas de la derrota. Significa que, donde el PRD ganó no hubo fraude, pero donde perdió sí hubo fraude.
Después que Miguel le entregó el PRD a los sectores conservadores; después de firmar un acuerdo ilegal y clandestino con el enemigo del PRD que es Leonel Fernández, llora porque le hicieron fraude.
La variable del fraude y del uso de los recursos del Estado no debió descartarse nunca. Los estrategas, si es que los había, debieron diseñar un plan para enfrentar al gobierno con denuncias nacionales e internacionales, mientras aplicaba una línea de masas. Pero Miguel no hizo nada.
Ahora, les dice a las bases del PRD que hará oposición radical. ¿Y por qué se quedó de brazos cruzados mientras el gobierno aplastaba al PRD?
Ahora habla de oposición, de unidad. Incluso llama a Hipólito Mejía, el bueno, que acude a la cita en un acto de buena fe, sin importarle el sentido utilitario de la invitación, de vender una falsa imagen. Hipólito le envió varias cartas a Miguel explicándole la naturaleza democrática y combativa del PRD, participó durante en 30 reuniones procurando la unidad, pero Miguel no hizo caso. Se burlaba tirándole entre los pies las encuestas que supuestamente le daban un 98% de aceptación en el PRD.
Atrapado en una táctica que se tragó la estrategia, Miguel ya no tiene posibilidad de ser elegido candidato presidencial del PRD. ¡Llegó Papá! ¡Y llegó para vencer!

