¿Qué puede rescatar la autoestima de un niño o niña, en un ambiente que no solo le agrede sino que ataca los cimientos de su personalidad y cultura, afectando de manera casi irremediable su actuación en la escuela? El arte, el saberse con un talento especial.
Bajo esta premisa comenzó el programa Conexión con las Artes, The Arts Connection, que tuve la alegría de dirigir durante la década de los 80 en Nueva York, de manera experimental, bajo la inspiración y guía de Richard Levy, quien no era un educador, pero amaba el circo y había observado como los niños y niñas que participaban en los campamentos del Big Apple Circus mejoraban su autoestima y comenzaban a reflejar y expresar ese bienestar en los demás ámbitos de su vida.
Basado en esas observaciones, creó un programa piloto para 37 escuelas de Nueva York, en los barrios con mayor índice de deserción escolar, violencia inter e intra escolar, drogadicción y crimen, teniendo como contrapartida a la Compañía de Danza Alvin Ailey y al Big Apple Circus. A través de un programa de audiciones se elegían los niños y ninas con talento innato para la gimnasia y para el baile y se monitoreaba cómo el entrenamiento en ambas disciplinas se reflejaba en su autoestima, y, desde luego, en su actuación personal y escolar, su aplicación al estudio y notas.
Además del entrenamiento, impartido por bailarines negros y latinos, en Alvin Ailey (que es una compañía negra) y por rusos y rusas en el Big Apple Circus (con mucha dificultad para trascender de la sola y rígida disciplina al cariño que estos niños y niñas necesitaban) los y las participantes tenían acceso a las presentaciones profesionales de ambas compañías, y podían apreciar el fruto de la disciplina. El arte un puente hacia la recuperación de la identidad y de la dignidad en getthos donde lo que menos abundaba era la ternura.
Por eso, me llenó de felicidad descubrir en la ciudad de Querétaro, México, un programa con los mismos objetivos: reducir la deserción escolar, combatir la violencia en la escuela y entre escuelas, neutralizar el liderazgo de las bandas juveniles y mejorar los índices de escolaridad, en 18 municipios, donde se eligió como población experimental a 500 niños y niñas que alcanzarán un total de 2 mil en dos años, en su mayoría de origen indígena, 30% niñas, ¡y todos juegan ajedrez!
¿Ajedrez? Sí, se ha descubierto que no solo disciplina, además, mejora la capacidad de concentración, de cálculo y de planificación, e impacta el conocimiento de las matemáticas, por lo que la ciudad ha construido un gigantesco tablero, a modo de parque, donde asombra ver a mujeres indígenas, como fichas, también jugando ajedrez.
Me comprometí a prepararles las fichas de evaluación. ¿Dónde aprendo ajedrez?

