Opinión

¿Quién responde?

¿Quién responde?

La severa exhortación que el Papa Benedicto XVI le hiciese al gobierno a través de nuestro embajador ante la Santa Sede, ha agudizado la percepción generalizada de que no pocos bellacos favorecidos con decretos están metiendo las manos hasta los sobacos. Primero fueron los obispos a través de su Carta Pastoral, luego el Departamento de Estado de EEUU, y más tarde Miguel Cocco, quien admitió la vocación venal de funcionarios de su gobierno.

 Como se ve, no son dirigentes opositores los que acusan a los hijos tardíos de Juan Bosch de estrujar las ubres de la vaca nacional, y como muchos de ellos no se han molestado siquiera en cuidar las formas, la verdad es son cada vez menos los que dudan que aquellas viejas galas moralistas e izquierdizantes de que se vanagloriaban, quedaron sepultadas desde que entraron en contacto con el Poder.

 Será imposible erradicar a pobreza y la marginación, como propuso el Papa, mientras la reelección, venero de corrupción, figure en la agenda de prioridades de este o aquel otro mandatario. Tampoco será posible si los recursos públicos no se invierten eficientemente, lo que necesariamente conllevaría a revocar el ocio parasitario de la abultadísima nómina pública que se engulle anualmente centenares de millones de pesos. ¿Qué labor productiva le rinde al país uno de los tantos subdirectores del Centro de Competitividad Industrial, o de Bienes Nacionales, o de Desarrollo Fronterizo?

 ¿Cuántos agregados culturales de embajadas dominicanas pagan los contribuyentes? ¿Cuántos Ministros Consejeros? ¿Cuántos vicecónsules tenemos en Belvedere, Haití? ¿Cuáles son las funciones de cualquiera de los muchos subadministradores de los Comedores Económicos?

 De los “nominillados”, del rimero de secretarios sin Cartera y de subsecretarios diseminados como plaga en todas partes, y de los asesores culinarios, de leguminosa y demás futilidades insólitas, huelga expresar cualquier reprobación. Ahora bien, ¿quién responde por el decreto #253 del 23 de marzo pasado, que designó a Rafael Caamano Castillo como agregado cultural de la embajada dominicana en Venezuela? Y es que este flamante diplomático fue judicialmente acusado de apropiarse de los recursos destinados a retribuir a 300 obreros por la reparación de caminos vecinales y canales de riego en Elías Pina.

Es obvio que no promovemos el cultivo de la honestidad, como nos sugirió Su Santidad, cuando se cuelan nombramientos como el de Antonio Ramírez como Ministro Consejero de la Embajada de Sudáfrica, sometido el 6 de noviembre pasado ante el Fiscal de San Juan de la Maguana por el Secretario de Agricultura por la comisión de “irregularidades en el manejo, recibimiento, pesaje y facturación de cebollas” en Vallejuelo. Entonces, ¿no es cierto que tenemos por delante, como dijo el Papa, un largo camino por recorrer para suprimir el paternalismo estatal que veda el desarrollo? ¿Cómo les aseguramos una vida digna a los dominicanos más pobres si sus aportes impositivos apenas sirven para gratificar malos ejemplos? 

El Nacional

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