Tengo un amigo que quiere ser regidor y todo en él constituye un símbolo elocuente de la tragedia que representa el ejercicio de la política en este país cuando no se tiene el bagaje para hacerlo desde el ancho camino de la corrupción. Se trata de un ciudadano que ha sufrido hondamente los rigores de la marginación a la que somete a tantas personas un sistema inequitativo como el que prevalece entre nosotros.
Luchador comunitario por naturaleza. Ha hecho esfuerzos por superarse académicamente al tiempo que navega con cautela en las procelosas aguas del clientelismo y las terribles luchas que se libran a lo interno de los partidos políticos donde el concepto de compañerismo es un eufemismo carente de todo sentido.
No puede ser catalogado como un común y corriente militante partidario capaz de aplastar cualquier obstáculo que se le presente, sin que eso quiera decir que no forme parte de ese juego perverso en que convierte el poder la lucha electoral, despojándola de toda igualdad en la competencia, volcando recursos públicos en favor de sus patrocinados.
La lucha por la vida no siempre lleva a la autotraición
Lo primero que se le ocurrió fue incorporar una ONG con la finalidad de contribuir al supuesto desarrollo de la comunidad a la cual pertenece y ha logrado que cada año se incluya en el presupuesto de la nación con una asignación económica que no es elevada, pero que distribuye de forma adecuada en las actividades que impulsa.
El aspirante está convencido de la legitimidad de su forma de ejercer la política. Hemos tenido largas discusiones en las cuales he intentado convencerlo de que en un Estado organizado y en pleno funcionamiento de sus instituciones, organizaciones como la que preside no son concebibles. Para él, como no se queda con el dinero que recibe, es válido lo que hace, sin reparar en que somos los contribuyentes quienes financiamos su activismo en desmedro de sus competidores que no tienen acceso a esos privilegios.
Participó en las primarias de su partido y fue el candidato más votado y juro que, en medio de la pésima oferta electoral, él sería uno de los mejores para ser seleccionado porque sé que no iría al cabildo a medrar ni traficar con permisologías ilegales.
Así de complejas son las cosas. El esfuerzo por sobrevivir ha conducido a mi amigo a encontrar la manera de no traicionarse a sí mismo, aun perpetuando el estado de cosas que nos urge cambiar.

