Se ha dicho que el poeta es un lujo de la sociedad. Es cierto. Pero un imprescindible lujo, para no morir aplastado por la vulgaridad cotidiana. Si en el mundo se leyeran más poemas tendríamos el cielo en la Tierra. Habría menos insensibles enseñoreados en el poder, menos injusticias en la Justicia, menos guerras y menos dolor. La fraternidad y la solidaridad serían las monedas de intercambio más preciadas.
La sociedad que no honra a sus poetas transita por senderos de sombras. Los poetas son los profetas de hoy, los ángeles de mañana y los visionarios de siempre. Las naciones sin poetas están perdidas, enfermas y sin remedio. Deambulan como muertos que no dejan de rumiar banalidades insaciables que les pudren el alma.
El poeta nos regala en cada verso el esplendor de su espíritu, la magnificencia de su verbo, el fausto de su palabra y la suntuosidad de su ser. Sólo los descarriados de la conciencia ignoran lo trascendente del poeta y la infinidad de la poesía.
Por eso me regocijo con el nuevo parto poético de Basilio Belliard. Lo tituló Piel del Aire. Y al leerlo quedamos temblorosos, como colgando de un finísimo hilo. Es una filigrana de palabras, una insurrección sintáctica, un abismo onírico, un idilio con la nada que se hace fuego, agua, tierra y aire.
Con Piel del Aire, el laureado poeta nos lanza al vacío para que lo llenemos de rumores, anhelos y sensaciones prodigiosas. Es un libro que sorprende por sus conceptos cósmicos, por lo universal de sus metáforas, por los hallazgos misteriosos, por su polisemia, por los giros sinfónicos, por la vuelta a la infancia poética y a la eterna protopoesía.
Espiguemos algunos botones para llegar a la rosa. Se abrirá espléndida con la lectura completa del poema que espera al lector ávido de sublimidades. En Peregrino, dice: En el fondo de la fuente / se ahoga / de sed el manantial. // El peregrino / apaga su sed / no en el agua / sino en el hastío.
Basilio canta en la Ciudad y Cuerpo: Una ciudad no habla: / habla en la lengua de los pasos / que retumban en la negra música del aire.
Aborda la Eternidad como un poeta presocrático: ¿Quién necesita nacer / para seguir viviendo? // La eternidad aún // no termina de nacer. Y en Cavilaciones del Mundo continúa: ¿Cuántos dioses habitan / en un grano de arena? // Si hablo de un mundo / es porque ya cuelga / en el pico de un colibrí.
Personifica como buen poeta en Soñar: Los sueños caminan en el sueño / duermen cuando están durmiendo / los sueños sueñan que sueñan / / los sueños sueñan que están despiertos.
Basilio nos reprende en Poética del Vacío: Tu vida / es esa hoja que has dilapidado / con tu negro silencio. Y en Hogueras del Aire, como un profeta bíblico, dice: Y la tierra enterrará / sus crímenes en el fuego / donde se ahogan de sed / los náufragos de tierra.
Piel del Aire es un hermoso poemario. Basilio Belliard es un poeta maduro y completo.

