Vincho y corrupción
El Presidente de la República, doctor Leonel Fernández, dio un batazo por los cuatrocientos once con la nueva designación del doctor Marino Vinicio Castillo, nuestro querido Vincho. Lo nombró Presidente del Consejo Rector de la Comisión Nacional de Ética y Combate a la Corrupción, en adición a su condición de Asesor del Poder Ejecutivo en materia de Narcotráfico, con rango de Secretario de Estado. Excelente.
Don Vincho sustituyó al doctor José Joaquín Bidó Medina, un ejemplo de honorabilidad. Muy pocos dentro del PLD, en lo particular, y de la sociedad dominicana, en lo general, pueden compararse con él, en cuanto a disciplina. Los que hemos tenido el privilegio de tratar de cerca a don Chichí, como le decimos con cariño, sabemos que hizo suyos, para llevarlos a la práctica, los elementos fundamentales de la ética boschista, que también es kantiana, hostosiana y martiana. El imperativo categórico de Inmanuel Kant, sintetizado en que hacer lo correcto, el bien es el deber supremo de todo hombre y de toda mujer, es la razón de vida de Bidó Medina.
También don Vincho ha probado que rige su vida bajo los principios del recto obrar. Los supremos valores éticos y morales no le son ajenos.
La vida de don Vincho ha estado entregada al servicio desinteresado del país. Nadie viene corriendo más riesgos personales ni tiene en tan serios peligros a su familia, como don Vincho, con la lucha valiente y sin cuartel contra el narcotráfico. Sólo los ingratos y los desmemoriados ignoran que igual a Juan el Bautista, el bíblico, don Vincho clamó en el desierto de las inconciencias ciudadanas. Advirtió sobre los graves peligros del narcotráfico para nuestra nación. Hasta se atrevió a vaticinar, como un profeta moderno, que la sociedad dominicana transitaría, con ese flagelo, la pendiente enjabonada de la colombianización. Muchos se burlaron de él. Hoy nos lamentamos todos de que no se le escuchó a tiempo.
Efectivamente, en lo público, don Vincho se la viene jugando por el bien de la República. Es hombre que no baraja pleito si los principios están en juego. Es un patriota. Le duele la suerte de su pueblo. En lo privado, don Vincho es tierno, pero firme en los buenos valores; sereno, pero vehemente en sus propósitos; comprensivo, pero acucioso con los hechos; tolerante, pero severo frente a los desaguisados; amable, pero sancionador de las inconductas; protector, pero reclama méritos bien ganados.
Leonel Fernández, como Jefe del Estado, conoce a don Vincho. Por eso le asignó la nueva función, precisamente en estos tiempos. El Consejo Rector de la Comisión Nacional de Ética y Combate a la Corrupción está en buenas manos. La señal es clara. Los funcionarios tienen que pisar fino. Las indelicadezas saldrán muy caras. Don Vincho posee un insuperable manejo de los recursos mediáticos y judiciales. Es un hombre polifacético que sabe vigilar y pelear contra los corruptos. Nadie se equivoque. Enhorabuena, mi viejo Vincho.

