Opinión

QUINTAESENCIA

QUINTAESENCIA

El magistrado presidente de la Suprema Corte de Justicia, doctor Jorge A. Subero Isa, declaró  que la justicia dominicana es una “vergüenza nacional”. Su expresión fue motivada por las precarias condiciones que tiene la planta física en que opera el Poder Judicial en la provincia  Santo Domingo. Hasta el grado que el tribunal de Atención Permanente de ese departamento funciona en un furgón de carga.

 El magistrado presidente no reprimió la frustración. Afirmó: “Realmente eso es un desastre, pero nosotros no tenemos dinero ni siquiera para alquilar una casa”. El presupuesto de este año está virtualmente agotado.

La justicia impartida en un contenedor es la manifestación de la crisis que afecta a los jueces en el cumplimiento de su misión. Alguien podría preguntarse qué carga o mercancía se importó en ese furgón. Los ingenieros usan esos vagones como oficinas en las grandes construcciones. El hábito no hace al monje, pero lo distingue.

 La situación física de la administración de justicia en la provincia  Santo Domingo no es la única que mueve a preocupación. También la de Puerto Plata es lamentable. Basta con conocer las condiciones en que se manejan los magistrados allá. Por eso  Subero afirma que ese palacio de justicia puede ser declarado en estado de emergencia.

 Para ciertos pusilánimes, que acostumbran a esconder la basura bajo la alfombra, las declaraciones del magistrado son escandalosas.  Dirán que el presidente de nuestro más alto Tribunal, que además tiene trece años dirigiendo el Poder Judicial, no debe decir esas cosas de esa manera. Pero reflejó carácter y responsabilidad. Esos críticos conservadores dirán que en los trece años de esta Suprema Corte de Justicia se han manejado más de veinte mil millones de pesos. Pero, conforme a las auditorias conocidas, no hay lugar a especulaciones malsanas.

 Ahora bien, es saludable para la administración pública, los funcionarios y la democracia que los males no sean ocultados. Sólo los hipócritas tratan de aparentar que todo está bien cuando la gente sabe que muchas cosas andan muy mal.

 La capacidad para ejercer el criterio no reside en personalidades cobardes. Hay que atreverse a criticar las deficiencias de las instituciones públicas. Y también debe practicarse la autocrítica. Ese es un ejercicio ciudadano del más alto nivel. Así se superan las situaciones que producen vergüenza a los que tienen la sensibilidad de experimentarla. La ciudadanía se crea día a día con el cuestionamiento constante de los males que padecemos.

 Ciertamente, así es. La crítica debe alcanzar también a los miles de expedientes que duermen el sueño eterno, sin solución, y a los maltratos que reciben los usuarios en sus peregrinajes de mendigos de justicia. Subero hace bien al sentir y expresar su vergüenza. Yo lo acompaño por lo que dijo y por otras razones que faltan por decir.

El Nacional

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