La sociedad dominicana entrará de lleno en una nueva era con la designación de los jueces que integrarán las altas cortes. A diferencia de la funesta era de Trujillo, caracterizada por el crimen en todas sus manifestaciones, la que iniciaremos muy pronto será de transformación positiva del pensamiento, la conducta y la vida del dominicano. Si el Consejo Nacional de la Magistratura (CNM) selecciona bien a los grandes magistrados, como estamos seguros que lo hará, la nueva Suprema Corte de Justicia (SCJ) y los tribunales Constitucional (TC) y Superior Electoral (TSE) confirmarán que todo trino es perfecto, como reza la máxima latina.
Esos tribunales impactarán la conciencia de nuestros hombres y mujeres de manera muy favorable. Sobre todo porque cada persona tendrá una instancia suprema donde podrá reclamar el respeto a su dignidad y decoro. Los miembros de esas cortes tendrán que ponerse a la altura de las exigencias de la nación. Deberán poseer pleno conocimiento social, jurídico y político de nuestra realidad actual e histórica. Eso les permitirá comprender la gran deuda que mantiene el Estado con la población, respeto a los derechos fundamentales y la esperanza de vivir decentemente.
Nosotros contamos con juristas capaces de impulsar los cambios institucionales que son necesarios para que exista la igualdad de oportunidades para todos. Muchos de los aspirantes a ser designados en las altas cortes han probado en su vida pública que les duele la ausencia de justicia con que vivimos y la innecesaria miseria material y espiritual que arropa a las grandes mayorías. Y saben que la minoría opulenta y la pujante clase media no están seguras si el pueblo se ahoga en un mar de necesidades.
Sabemos que la esperanza es lo último que se pierde. Y que todo se puede perder, menos el honor. Pero los habitantes de esta sufrida tierra de Duarte lucen sin esperanza y sin honor. No ven la luz al final del túnel. Realizan acciones deleznables y peligrosas para no dejarse morir en la víspera. Muchos perecen en el intento de mejorar con métodos equivocados. Eso es muy grave. Anuncia catástrofes de consecuencias incalculables. Los insensibles no se dan cuenta.
Aseguramos que la nueva SCJ, el TC y el TSE, con hombres y mujeres capaces y sensibles, pueden crear las condiciones que reviertan el proceso de descomposición social que sufrimos. Urge que los dominicanos confíen en sus instituciones. Los juristas miembros de esas altas cortes serán responsables de que en este país exista el irrestricto respeto de los principios, valores y reglas de la Constitución; el fortalecimiento institucional, la aplicación de una justicia verdadera, la creación de un clima para la inversión, la seguridad social, la paz pública y la democracia real.
En la próxima SCJ, el TC y el TSE debemos tener jueces con claras ideas políticas, por su trascendente misión socio-jurídica, y sin demagogias ni favoritismos partidarios.
