Opinión

QUINTAESENCIA

QUINTAESENCIA

Todas las sociedades  han exhibido, tienen y conservarán una manifestación de justicia. Esta podrá ser sencilla, rápida, eficiente y eficaz o compleja, lenta, deficiente e ineficaz. También sufrieron, padecen y soportarán un determinado grado de delincuencia. El sentido y la práctica de justicia, como la inclinación y los hechos que tienden a violar el ordenamiento legal, son consustanciales al ser humano. Mientras haya personas, habrá justicia y delincuencia.

 ¿Quiere decir el párrafo anterior que la justicia es un bien social que surge por generación espontánea y que la delincuencia debe ser tolerada? La respuesta es no. Ni una cosa ni la otra. Contestar de manera afirmativa esa interrogante es desconocer el abc de la sociología jurídica.

 El sentido de justicia es inherente a la persona humana, pero es necesario que reciba educación. Salvo los tarados o perversos, todos los  humanos poseen la sensibilidad para indignarse ante los abusos del fuerte frente al débil o para rebelarse contra la medida que vulnera los derechos adquiridos de que disfrutan. Más aún, los hombres y mujeres siempre desean vivir en paz. Sin embargo, están dispuestos a  la guerra para alcanzar una vida mejor.

 El anhelo de justicia es superior al deseo de cultura o formación intelectual. La persona culta que no respeta la justicia es inferior a la que está dotada del sentido de justicia, aunque ésta sea iletrada.

 La justicia hay que imponerla. La delincuencia debe ser combatida. Ahora bien, el aparato estatal que impone la justicia responde a un sistema que también produce las causas de la delincuencia. La falta de educación, de oportunidades y de justicia social; la miseria de muchos y la opulencia de pocos generan frustraciones y rebeldías mal encauzadas. La delincuencia es expresión de lucha social desviada, con métodos equivocados y degenerados.

 Ciertamente, así es. La pobreza y el desamparo social son focos de delincuencia. Lanzan a los miembros más activos y aguerridos de los sectores populares a la ilegalidad. Los vuelven irracionalmente violentos. Este tipo de delincuente es ignorante. Carece de educación formal.

 También existe la delincuencia de cuello blanco. Es la peor. La cometen los cultos o hábiles que llegan a cargos públicos. Son falsos políticos, criminales. Paren la ratería, los vulgares atracadores. Estos roban a algunos, aquéllos roban a todos.

 Ninguna persona quiere, en principio, actuar contrario a las normas jurídicas, éticas o morales. La primera vez que lo hace experimenta desgarramientos espirituales.

Los códigos y demás normas jurídicas tienen que ser revisados juntamente con la inequidad social imperante. Más oportunidades y más educación combaten mejor la delincuencia que muchas leyes y cárceles. La justicia y la delincuencia son las dos caras de la realidad social. Son el mítico Jano

El Nacional

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