Opinión

QUINTAESENCIA

QUINTAESENCIA

El gran escritor dominicano Roberto Marcallé Abreu es incansable en su producción literaria. Ahora nos sorprende con “La manipulación de los espejos”. Cuando creemos haber terminado de leer su más reciente novela, nos asalta con la noticia de que existe otra que se pondrá en circulación, y que hay otra en imprenta, y otra, y otra en preparación. Contrario a lo que se podría pensar por esta tensión en el oficio narrativo, Marcallé no se repite, y la calidad de su prosa, el donaire de su estilo y la capacidad de fabulación alcanzan niveles superiores de perfección entre una obra y otra. Su maravillosa fuente creativa es inagotable.

Ciertamente, Marcallé no da tregua a sus demonios interiores. Los pone a andar a pasos apretados y con vértigo en el brinco. Nadan en la verdad de las mentiras de nuestra realidad social y política.

Roberto Marcallé Abreu no pone a volar la fantasía propiamente dicha, sino su fecunda imaginación. Los partos de la fantasía, salvo honrosas excepciones, carecen de valor literario. Se fundamentan en pompas unicolores de jabón barato y apuntan a un blanco de lectores sin instrucción, con escasas exigencias estéticas y necesidades de pura evasión. Pero los hijos de la imaginación bien administrada, como los crea diestramente Marcallé, vienen al mundo de las letras con constitución robusta y con plena disposición de cumplir su elevada misión artística y de oposición a las ideologías de épocas y al poder permanente.

Sin lugar a dudas, Marcallé sabe dirigir y orientar el ritmo de su narrativa. Organiza su sentido con la maestría de un creador consciente de su valía literaria, de su serio y profundo compromiso con el lenguaje y de la permanencia de la obra. Jamás se deja arrastrar por cantos de sirena que lo lleven a la popularidad barata y efímera. Apunta, como arquero infalible de la buena literatura, al público que demanda obras de calidad artística. Ese que exige el libro como objeto para pensarlo y para recrearse mientras reinventa su propio existir. Todo gracias a la caracterización apropiada de los personajes y a la trama bien urdida y llevada.

Eso y más es “La manipulación de los espejos”. Representa el tercer tomo de 476 páginas de una trilogía narrativa que asusta por su extensión y fascina por su realización. Este atrevido proyecto literario empezó con el volumen “Contrariedades y tribulaciones en la mezquina existencia del señor Manfredo Pemberton”, del 2007, y continuó con “No verán mis ojos esta horrible ciudad”, del 2009.

 La edición de “La manipulación de los espejos” cuenta con un estudio, a modo de prólogo, del profesor de literatura y crítico de fuste Giovanni Di Pietro. La novela recrea la lucha sociopolítica entre conservadores y liberales, patriotas y empresarios gansterizados. Es una de las mejores novelas dominicanas. Recomendamos su lectura.

El Nacional

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