Opinión

QUINTAESENCIA

QUINTAESENCIA

El presidente de la República, doctor Leonel Fernández, es objeto de serias y urticantes críticas por el incumplimiento con los objetivos del milenio. La incapacidad de nuestro país para alcanzar esas metas fue reconocida por el jefe del Estado en su reciente discurso ante la ONU.

Además, las constantes violaciones a los derechos fundamentales, consagrados y garantizados por la Constitución, hacen del Presidente Fernández un blanco de los ataques más severos.

Es normal e inevitable que los cañones del cuestionamiento público se enfilen contra el Primer Mandatario. Somos una nación que se organizó política y jurídicamente con los lineamentos de un régimen presidencialista. Aquí lo que más se parece a Dios es el Presidente de la República. Todo se le pega a él porque la gente entiende que el Presidente puede decidirlo todo. Y tradicionalmente ha sido así, desde que nos declaramos nación independiente hasta el presente. Nuestros presidentes  han concentrando tantas atribuciones legales y de hecho que causan la envidia de los gobernantes norteamericanos y europeos. Pueden proclamar que en este territorio no se mueve la hoja de un árbol sin la voluntad del Presidente.

Esa es una verdad a medias. Y, como todas las medias verdades, es una mentira completa. Es una falacia que la manejan, por una parte, los presidentes y, por la otra, la oposición política y los analistas. A los presidentes les encanta dar la impresión de señorío absoluto. Reflejan su ambición de mando y las debilidades institucionales de la sociedad, para no hablar de las debilidades mentales y espirituales que muchos han exhibido. Creen que así se consolidan en el poder. La oposición y los analistas aprovechan esa situación para criticar al Presidente de lo que es culpable y de lo que es inocente. Todo mezclado.

Los que conocen el abc de las ciencias sociales, la incidencia de la geopolítica y el carácter tozudo de los hechos saben que nos han casado con la mentira y nos han negado el divorcio para obligarnos a vivir con ella.

Ciertamente, así es. Todos los que poseen un mínimo de formación intelectual saben que el Presidente tiene límites. Muchas veces sólo formaliza decisiones. En esta era de globalización los organismos internacionales gobiernan sin fuerzas militares en los países endeudados. Así las naciones ricas dominan silenciosamente a los países débiles. Y aparentan que colaboran. Cuentan con el apoyo de minorías nacionales indignas. Es dolorosa, pero es la verdad. Sólo los pueblos organizados y combativos cambian esa realidad.

El Presidente puede ayudar, pero los cambios los hace la nación. Los derechos no se mendigan, se arrebatan. Leonel está ayudando con la Constitución, el discurso y medidas de gobierno. Si no hay organización popular fuerte, aunque el Presidente Fernández quiera no puede romper con las cadenas de injusticias que asfixian al pueblo. La lucha es tarea de los conscientes.

El Nacional

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