La nueva Constitución
La Asamblea Revisora concluyó la segunda lectura del texto de la nueva Constitución de la República. Continuará con la revisión y corrección de estilo para proceder a proclamarla. Luego vendrá su publicación íntegra. Así entrará en vigencia.
Tendremos un nuevo Pacto Fundamental. No será perfecto, claro está. La perfección no existe en el ámbito humano. Es un ideal que debe servir de referencia. Además, lo perfecto, como lo mejor, es enemigo de lo bueno. Las personas no deben obsesionarse con la perfección. Lo bueno es suficiente. Los desequilibrados emocionales y perturbados mentales tienen problemas para comprender esa verdad. Los genios, por fortuna, rompen la regla.
Toda Carta Magna es la expresión de las condiciones sociales, económicas, políticas y jurídicas de la nación en una coyuntura determinada. Ella refleja la correlación de fuerzas existentes entre los factores reales de poder que interactúan en la sociedad. No puede ser de otra manera.
Más aún, la Ley Suprema se corresponde siempre con las condiciones objetivas y subjetivas, esto es, con el desarrollo material, organizativo e ideológico del conglomerado social que va a regir. Los anhelos y aspiraciones de minorías progresistas son aterrizados por esas condiciones.
La Constitución que no se ajusta a la realidad que imponen los factores reales de poder se convierte en un pedazo de papel, como lo sentenció el célebre jurista alemán Ferdinand Lassalle. Joaquín Balaguer repitió la frase como si fuera suya. Algunos ignorantes se la atribuyen todavía. Balaguer plagió esa frase sin importarle que fuera el Presidente de la República. Pero no mintió. Dijo una verdad. El primero en violar la Constitución fue él. Aunque todos debíamos avergonzarnos y caminar con la frente abatida por el escarnio, sólo unos pocos mostramos indignación por esa exhibición de cinismo del Primer Mandatario. Otras autoridades públicas y privadas siguieron con alegría el ejemplo trazado.
La nueva Constitución representará un extraordinario paso de avance en la construcción del Estado Social y Democrático de Derecho en que merece vivir el pueblo dominicano.
En el proceso de discusión, los asambleístas tuvieron que someterse a presiones inevitables. Las fuerzas conservadoras y las progresistas pugnaron para influir en la aprobación del texto constitucional. Así tenía que ser. Lástima que los niveles organizativos de las grandes mayorías sólo alcanzaron para pequeñas aunque significativas jornadas de lucha.
Ahora podemos afirmar que, con sombras y luces, tendremos la mejor Constitución que la coyuntura permitió. No somos conformistas, sino realistas. La aprobación del Tribunal Constitucional, los derechos fundamentales, el referendo, la iniciativa popular legislativa, el presupuesto participativo de los ayuntamientos, el defensor del pueblo, etc., lo prueban.
La Jurisprudencia del Tribunal Constitucional deberá enderece algunos entuertos y criterios planteados.
