Las denominadas altas cortes, o sea, el Tribunal Constitucional (TC), el Tribunal Superior Electoral (TSE) y la Suprema Corte de Justicia (SCJ) están destinados a cumplir una función redentora. De ellas dependen, y de los demás jueces, los derechos fundamentales, el fortalecimiento de la institucionalidad y la vigencia del Estado Social y Democrático de Derecho. Pero el TC y el TSE nacieron afectados por una maldición que amenaza con eliminarlos del sistema.
El surgimiento y desarrollo de esos dos elevados tribunales tienen semejanza increíble con la suerte del gobierno del profesor Juan Bosch (1963). El TC y el TSE fueron combatidos con rabia patológica desde antes de su creación, continuaron después de que fueron consagrados por la Carta Magna y durante su integración y puesta en funcionamiento. Igual pasó con Bosch. Le atacaron tanto que la conspiración en su contra comenzó desde antes de ganar las alecciones, se recrudeció con su juramentación como Jefe de Estado y se ejecutó a los siete meses de ejercicio.
Ninguna comparación puede ser más fiel, salvo que el TC y el TSE solo tienen pendientes su expulsión del orden institucional. Si se cumple esta aspiración de los conspiradores contra las altas cortes, podremos afirmar que al pueblo dominicano no lo salva ni el médico chino. Y están cerca de lograrlo, aunque algunos no lo crean.
Todos los que tienen ojos para ver y oídos para oír saben que está funcionando una eficiente campaña de descrédito.
Originalmente se dijo que el TC no era necesario, que representaría una carga onerosa para el presupuesto nacional y que la SCJ podía seguir encargándose de las atribuciones que tendría ese tribunal. Sabemos que esas declaraciones fueron hechas por los deseos enfermizos de eternizarse en las altas posiciones judiciales que poseían. Nadie ha sido más deficiente ni más negador de los derechos fundamentales que los que se oponían a rajatablas al TC. Hoy, siguen haciendo el trabajo de descrédito contra el guardián de la Constitución. Cuentan con tontos útiles. Presentan al TC como un nido de vagos que cobran cheques envidiables y tienen jeepetas, sin justificar esos privilegios.
Sobre el TSE se dijo que sería derroche de recursos, debido a que la Junta Central Electoral, dividida en cámaras, podía continuar cumpliendo su tarea. En la actualidad apuntan sus cañones para confundir a los incautos. Dicen que los miembros del TSE son marionetas del expresidente Leonel Fernández. Y que ahí se decide cuándo y cómo él diga.
La SCJ no está libre de esos ataques. La consideran un blindaje judicial a favor de Leonel Fernández y los funcionarios peledeístas. No conceden ni el beneficio de la duda.
El plan está trazado. Lo están ejecutando milimétricamente. Buscan eliminar la composición del TC, la SCJ y el TSE por medio del descrédito.

