Misión del TC
Es sorprendente el número de veces que profesionales del Derecho en ejercicio privado y con funciones públicas aprovechan las conferencias que continuamente doy en todo el país para preguntar sobre la misión (dicen el papel o el rol) que tendrá el Tribunal Constitucional (TC) dominicano. Esa interrogante sale también de los labios de simples hombres y mujeres del pueblo. La inquietud es la misma. Y refleja una esperanza atormentada.
Nunca los dominicanos hemos tenido un TC. Los jueces han sido competentes para aplicar la Constitución con todas las consecuencias jurídicas de rigor. Pero no se cumplió plenamente con ese mandato. La formación adjetiva, que no sustantiva, de muchos magistrados se impuso. Privilegiaron las leyes ordinarias frente a la Ley Suprema al dictar sus decisiones. Y, lógicamente, retorcieron el Derecho. Algunas veces por ignorancia y muchas veces por perversidad y prevaricación. El pueblo lo sabe. Es más sabio de lo que sus dominadores piensan. Y sufre esas injusticias en carne propia.
Ahí está la causa de la esperanza atormentada que subyace en la cuestión que tiene que ver con la misión del TC. El pueblo tiene demasiado tiempo esperando que le hagan justicia. Siempre se la retrasan, se la escamotean y se la transforman en una burla cínica y despiadada. La pirámide de injusticias que padecemos se fortalece y avanza, con pasos aplastantes. Parece un monstruo gigantesco. Al pueblo le queda la frustración y el desamparo.
Pero la aprobación del TC en el nuevo Pacto Fundamental abre las puertas y las ventanas de la pirámide de injusticias. Por cada uno de esos huecos entrarán nuevos aires. Muchos se irán al rincón más oscuro de la Divina Comedia. Se acostumbraron al aire viciado. La atmósfera asfixiante que forzosamente vienen respirando los dominicanos de buena voluntad disminuirá su contenido sulfúrico. Se airearán los espacios de ese mausoleo social e institucional. La esperanza, semejante a una mariposa danzarina y gozosa, se posará con mansedumbre infinita en el trono de Temis, la diosa de la equidad y la justicia. Los prevaricadores no encontrarán espacio para realizar sus actuaciones contaminantes.
La misión del TC es y será la de crear las condiciones para que la tétrica pirámide de injusticias cambie esencial y profundamente. La convertirá en un palacio de transparencia, confiabilidad, fortaleza institucional y respeto por el derecho de todos.
El TC cumplirá su trascendente y necesaria misión o no habrá progreso real, ni paz, ni democracia en este país. Nadie lo dude. El TC tendrá que remover muchas piedras que estorban la entrada del pueblo al nuevo palacio de la Justicia. Abrirá otras puertas y otras ventanas para facilitar la sana y más rápida oxigenación del ambiente. Lo hará aplicando la Constitución de manera efectiva. Garantizará los derechos fundamentales. Controlará los excesos del poder. Y dará a cada uno lo que en buen Derecho le corresponda. Así será.
