Opinión

QUINTAESENCIA

QUINTAESENCIA

El presidente de la República, licenciado Danilo Medina, lanzó un plan de alfabetización nacional. Tiene por objetivo beneficiar a más de setecientas mil personas que no saben leer ni escribir. Eso es grandioso. Nadie en su sano juicio puede oponerse a semejante iniciativa.

 Sabemos que una persona iletrada carece de las aptitudes para competir en igualdad de condiciones con relación a las que han recibido la educación formal. Las limitadas oportunidades que ofrece nuestra sociedad están prohibidas de hecho para los analfabetos. Por tanto, el principio de la igualdad entre las personas, consagrado en el artículo 39 de la Constitución, es inaplicable hasta que se libere a esos dominicanos del estado ágrafo en que se encuentran.

 La Carta Magna, en su artículo 63, consagra el derecho a la educación. Dice: “Toda persona tiene derecho a una educación integral, de calidad, permanente, en igualdad de condiciones y oportunidades, sin más limitaciones que las derivadas de sus aptitudes, vocación y aspiraciones.”

 Todos debemos celebrar con júbilo ese plan de alfabetización.  Lo lamentable es que nuestros anteriores presidentes de la República no se interesaran por la suerte de nuestras masas analfabetas. Y duele más si pensamos que entre esos gobernantes hemos tenido a intelectuales de probado amor y apego a los libros. La demagogia, el clientelismo y el patrimonialismo les eran más rentables. Penoso.

 Con el planteo de la necesidad de declarar a nuestro país como territorio libre de analfabetismo, el presidente Medina se coloca por encima, como estadista, de muchos de sus predecesores. Y cuando lleve a la práctica la intención de erradicar el analfabetismo, como un hecho cierto y comprobado, se ganará un espacio privilegiado en la historia nacional. Con eso hará lo que nunca se había hecho para que los dominicanos conquisten su condición de sujetos, de individuos conscientes y activos, dueños de su destino. La educación hace libres a los pueblos.

 Esperamos que ese programa se ejecute con los métodos científicos que permitan un proceso enseñanza-aprendizaje basado en el razonamiento crítico para la asimilación de los materiales e informaciones de rigor; que se aparte del tradicional método memorístico, propio de sociedades atrasadas y antidemocráticas, favorito de los regímenes autoritarios y creador de ciudadanos formales, no reales, y de borregos; que se logre la formación integral y la auténtica recuperación de la dignidad humana.

 Además, el plan de alfabetización nacional debe sustentarse en un programa a largo plazo de educación y actualización continua, en que el Estado cree las condiciones para que los libros lleguen sin dificultad a manos de los favorecidos con el plan y a los demás miembros de la sociedad. Así no volverán a su estado anterior por desuso y por negligencia oficial.

 Haga lo que nunca se ha hecho, presidente Danilo, y cásese con la Historia. Todos se lo agradeceremos.

El Nacional

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