Constitución y manipulación
La Constitución, como documento jurídico supremo de una nación, puede ser objeto de burdas o sutiles manipulaciones. Lo correcto es que sea interpretada, no manipulada.
La manipulación es muy perjudicial para el sistema.
En la interpretación se puede incurrir en errores. Pero una cosa es la incorrecta e involuntaria aplicación del texto constitucional y otra muy distinta es la aviesa instrumentalización de la Carta Magna con fines ajenos a la sagrada misión que tienen los jueces de decir el derecho. Esto es un crimen.
En las sociedades atrasadas y dependientes como la nuestra, las manipulaciones burlas de la Ley de leyes es común. Son más frecuentes que las sutiles. Por populismo, ponen en vigencia textos constitucionales que luego no quieren aplicar.
Es el caso de las normas que protegen los derechos fundamentales. También los que otorgan a grupos de ciudadanos iniciativas o facultades especiales para decidir, como el referéndum, el plebiscito y las acciones populares, entre otros.
La oposición a reconocer derechos ciudadanos que están contenidos en el Pacto Fundamental es muy propia de las clases dominantes. Las clases gobernantes son, en lo formal, respetuosas de esas prerrogativas.
Los dominicanos estamos, lamentablemente, dirigidos por clases dominantes, no por gobernantes. Prueba de ello es que los grupos en el poder se preocupan esencialmente por sus beneficios particulares. El cumplimiento de las normas y el bienestar de la población ocupan un tercero o quinto lugar en el orden de sus prioridades. Buscan acumular la mayor fortuna personal en el menor tiempo posible.
Si nuestras tradicionales autoridades actuaran como verdaderos gobernantes, se preocuparían más por superar los problemas nacionales y menos por aparentar que los resuelven. Saben que las masas están embrutecidas y que pueden manejarlas mercadológicamente. Las minorías pensantes son compradas, silenciadas o marginadas. Violan burdamente las normas. Se sienten seguros.
Los miembros de las clases gobernantes no son ángeles en la tierra. Pero saben guardar las formas. Manipulan con sutilezas la Constitución y protegen sus intereses. Procuran siempre beneficiar a la ciudadanía para justificar sus posiciones. En ocasiones, llegan a sacrificarse un poco si la estabilidad del sistema lo requiere. Respetan la Constitución. Saben que en ese orden están garantizados sus intereses.
La Ley Suprema se aprueba para ser aplicada conforme a sus normas.
Estas normas pueden ser interpretadas, pero jamás manipuladas. Los jueces están obligados a respetarlas. La Constitución no dice lo que dicen los jueces manipuladores que dice.
Frente a oscuridades, contradicciones o vacíos en el texto, los jueces están obligados a interpretarlo de la forma más favorable para los derechos ciudadanos.
Jamás se debe manipular la Constitución, como se ha hecho muchas veces, para congraciarse con el poder.

