Opinión

QUINTAESENCIA

QUINTAESENCIA

Aporofobia o justicia.-

Las palabras, nos enseñó el inconmensurable José Martí, no existen para ocultar la verdad, sino para decirlas. También nos aleccionó, diciendo: un hombre que oculta lo que piensa o tiene miedo de decir lo que piensa, no es honrado.

El que no investiga, decía el timonel de la Revolución China, Mao Tse Tung, no tiene derecho a la palabra. El Nazareno, el Jesús de Galilea, afirmó que de la abundancia del corazón, habla la boca. Y lo hace con el uso de las palabras.

El discurso, aprendimos de nuestro Diógenes Céspedes, quien a su vez lo asimiló de su maestro, el sabio francés Henri Meschonnic, tiene siempre un contenido ideológico, una carga social y una toma de partido, porque las palabras, lo sabemos, nunca son inocentes.

Recordemos que las palabras, o sea, el discurso lingüístico es exclusivo de los seres humanos. Ninguno de los demás animales, los llamados irracionales, saben usar la palabra. Pero debemos sospechar sobre si el mono no habla para que no lo pongan a trabajar.

La civilización humana comenzó un día, que se pierde en la noche de los tiempos, cuando un hombre enojado y con los ojos inyectados de sangre por lo que le había hecho uno de sus semejantes, lo observó con desprecio infinito, y en lugar de darle una pedrada o propinarle un golpe con un palo, le lanzó una palabra. Fue una grosería o algo parecido.

Y así nació lo que hoy usamos para comunicarnos con propiedad, y el momento en que se empezó a ponerles nombres a las cosas.

Toda palabra expresa una idea y contiene un concepto. La inteligencia, que es diferente a la erudición o cultura que suele acumular una persona, puede ser apreciada por su destreza en el manejo de la lengua que usa. Los sabios decían: Exprésate y sabré quién eres. Así es.

Ahora tenemos una nueva palabra en nuestro idioma español. Es la aporofobia. Es enemiga antagónica, irreconciliable hasta la muerte del término justicia. Donde existe una, desaparece la otra, y viceversa. El concepto que se expresa con la voz aporofobia excluye la connotación del vocablo justicia.

Aporofobia es una palabra que se la debemos a la filósofa Adela Cortina. Su morfología nos viene del griego áporo, que significa sin recursos, y de fobo, que expresa temor, pánico. Por tanto, aporofobia expresa el miedo, desprecio u odio a la pobreza y, en consecuencia, al pobre o a todo aquel que no puede cubrir las necesidades básicas de la existencia material. La aporofobia es odio y rechazo al que no tiene dinero. Fue seleccionada como palabra del año 2017 por la Fundación del Español Urgente (Fundéu, BBVA).

Vivimos en un mundo aporofóbico. Se odia al pobre y a la pobreza con la misma fuerza con que se decía que el Diablo le temía a la cruz.
Los gobernantes, particularmente los políticos, jueces y juristas, somos responsables de la aporofobia, si no impulsamos la justicia para todos.

El Nacional

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