Opinión

QUINTAESENCIA
El juez Garzón

<STRONG>QUINTAESENCIA<BR></STRONG>El juez Garzón

Los ideales de justicia están sensiblemente heridos. Recibieron una puñalada en el costado izquierdo. Perforaron sin piedad ni visión de futuro su corazón. Esa punzada es mortal por necesidad. El cuerpo doctrinal del Derecho y las aspiraciones de las judicaturas más sanas están resentidos. Seguirá viviendo, pero disminuidos en sus acciones por mucho tiempo.

No es para menos. El paradigma del juez probo, capaz, valiente, comprometido con las mejores causas y con el necesario castigo a los culpables de crímenes contra la Humanidad ha sido condenado. Su preocupación por la verdad, la lucha por los derechos fundamentales que libró y su apego a la criticidad jurídica eterna no valieron de nada. Se impuso el poder de la sin razón.

El Derecho fue vencido por la derecha. Más pueden los intereses de clase y las complicidades culposas que los anhelos de justicia cumplida. Los pueblos y los sistemas jurídicos viven yugulados por intereses espurios y por voluntades pusilánimes y mercenarias. Están al servicio de atavismos históricos. Se vigorizan como los vampiros y se justifican en sus mediocridades. Actúan con saña frente al objeto de su envidia. Vencen, pero no convencen.

Ciertamente, así es. Los ilusos se niegan a verlo y los idealistas luchan por cambiar esa realidad.

España está herida en el corazón una vez más. Perdió la guerra civil, sufrió la dictadura de Franco con todas sus miserias y matanzas y ahora pierde el combate contra otra barbarie. Sacrificó a uno de sus mejores jueces. Y con él, como una tragedia global, España se suicidó. Nadie la llore. Hay que recoger los pedazos que se esparcen por el mundo como alma errante.  

Baltasar Garzón es víctima de la conjura siniestra de la injusticia. Fue el juez de la justicia sin fronteras. El que puso a temblar al infame general Augusto Pinochet, el que asesinó la aurora chilena.

Garzón fue condenado a once años de inhabilitación por el Tribunal Supremo de España. La noticia llega a los juristas sensibles como un cañonazo en pleno pecho. Es un metamensaje implacable y horroroso: los que no se arrodillan ante la injusticia ni rinden pleitesía a la abominación son castigados. Los borregos y cabezas de plomo de aquí y de allá están de fiesta. La marginación, la persecución y el atropello vuelven a triunfar. Y está bien que en el basurero los gusanos impongan su soberanía. El medio es propicio para sus desafueros.

La conspiración contra el honorable Baltasar Garzón se fundamentó en una supuesta falta que cometió al dictar una resolución que hizo pública una corrupción en la administración estatal. Tampoco le perdonan su acción judicial contra los criminales franquistas.

Juan Bosch sentenció que los hombres pueden caer, pero las ideas no. La justicia resurgirá de sus cenizas. Baltasar Garzón es un símbolo.

El Nacional

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