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Respaldan desfile

 

La comunidad dominicana en El Bronx ofreció una contagiosa muestra de patriotismo con su masivo respaldo a la parada celebrada el domingo en el populoso condado neoyorquino. Banderolas y todos los símbolos patrios fueron enarbolados por una multitud que hizo un alto en sus quehaceres y desafió el candente sol para tributar un homenaje a la patria. La unidad y algarabía marcaron el desfile encabezado por el cónsul Eduardo Selman, el licenciado Hatuey De Camps y destacados dirigentes comunitarios en Nueva York. Grupos musicales, culturales y deportivos completaron el colorido de una parada que expuso la presencia y crecimiento de la dinámica comunidad en la urbe. El Bronx, de acuerdo con Rubén Díaz hijo, presidente del condado, aloja el mayor número de dominicanos residentes en Nueva York. Pero lo más significativo es la identidad de los compatriotas con los símbolos, valores y cultura de su lar nativo. El sentimiento se expresó en la masiva presencia, los gestos y las alegorías expresados por los dominicanos durante el hermoso y colorido desfile. Lo de El Bronx evidencia el peso y los vínculos indisolubles con los suyos que tiene la población dominicana que por las circunstancias que fueren reside en el exterior.

 

Reguero de pólvora

 

La protesta que interrumpió brevemente el tránsito por la autopista Duarte y provocó un choque múltiple de vehículos traduce el malestar que campea en muchas comunidades por la falta de obras prioritarias. Antes que buscar chivos expiatorios lo mejor sería que el Gobierno prestara atención a manifestaciones como las patrocinadas por moradores del kilómetro 18 de la Duarte. La gente quemó neumáticos y lanzó desperdicios a la vía en reclamo de la construcción de un puente sobre el arroyo Lebrón, que comunica a Pedro Brand con Los Alcarrizos. No es cuestión de percepción, de semántica o de que María estaba lavando, sino de que ese puente es una necesidad para los residentes en ambas comunidades. En modo alguno se justifica la acción de interrumpir el tránsito, pero tampoco se pueden ignorar las necesidades cuya solución las comunidades claman por años. Lo de la Duarte refleja que las protestas sociales se propagan como reguero de pólvora, lo cual es peligroso.

El Nacional

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