Página Dos

RADAR

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Los pelos se  encrespan con sólo saber que en territorio dominicano operan bandas de sicarios del tipo de la desmantelada por la Policía, cuyos integrantes  trabajaban al servicio de un narcotraficante  puertorriqueño, que le habría encomendado el asesinato de cuatro personas, mediante promesa de pago de dos millones de pesos. La Policía ocupó a esos sicarios fusiles, pistolas y cargadores, lo que indica que  los cuatro individuos apresados operarían una  verdadera empresa de terror y sangre. Las autoridades están compelidas a evitar a toda  costa  que este tipo de  sicariato opere y se multiplique  bajo la  sombra del narcotráfico internacional, como  el grupo desmantelado que poseía una flotilla de vehículos para realizar  sus tenebrosas operaciones. Los individuos llegaron a montar un operativo en la avenida Luperón con el propósito de asesinar a  Winston Rizik  (El gallero), pero fue abortado porque los sicarios comprobaron  la presencia de la Policía en la zona. Parece una novela de terror pero esa es la realidad de hoy.

Lamentos de Rosado

Cortes y tribunales de justicia deberían escuchar el lamento del presidente de la Dirección Nacional de Control de drogas  por las repetidas veces  en que son liberados o absueltos narcotraficantes que esa agencia apresa tras ardua labor de investigación. El titular de la DNCD, mayor general Rolando Rosado Mateo,   siente frustración porque  la justicia no procesa a narcos a los que se somete con suficientes fardos de pruebas. El oficial ha citado el caso de un reconocido narco colombiano, capturado dos veces por las  autoridades y acusado de tráfico de cocaína, pero en ambas ocasiones ha sido liberado por orden de un juez. Otro grupo compuesto por colombianos, venezolanos y haitianos  también fue  puesto en libertad por un tribunal de Barahona. Aunque siente  frustración por lo que puede definirse como venalidad judicial, el general Rosado Mateo ha dicho que “no nos van a desanimar, no importa que los suelten varias veces”.

El Nacional

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