Campaña los daños
Tiene razón el embajador ante las Naciones Unidas, Federico Cuello Camilo, al señalar que en virtud del nuevo acuerdo de asociación económica, República Dominicana posee la libertad de exportar a la Unión Europea, sin recurrir al sistema de cuotas, aunque es preciso señalar que el azúcar y el banano aún están sometidos a regímenes especiales, muy cercanos al sistema de cuotas, como son las 30 mil toneladas métricas del dulce, asignadas para el primer año de vigencia de ese acuerdo y las restricciones arancelarias que se aplican al banano dominicano. La advertencia de los presidentes de las comisiones de Industria y Comercio y Relaciones Exteriores del Senado, de que la campaña de descrédito contra el país emprendida en el viejo continente por el padre Christopher Harley, causaría daños al comercio y turismo nacional, resulta válida y oportuna. No hay que hablar de cuotas de exportación para saber que en Europa es frecuente la imposición de boicot a productos y servicios procedentes de naciones vinculadas con violaciones a derechos humanos o signadas como esclavistas. Las válidas precisiones del diplomático no descartan otras denuncias.
Ni contigo ni sin ti
El gobierno confronta un serio dilema para solucionar la drástica reducción de los ingresos, que ya sobrepasan los 10 mil millones de pesos, porque con cualquiera de las soluciones presentadas, el remedio sería tan nocivo como la misma enfermedad. El empresariado objeta que el déficit presupuestal se enfrente por vía del endeudamiento externo y reclama drástica reducción del gasto. El Fondo Monetario, en cambio, aconseja financiar ese faltante, que sería de 20 mil millones de pesos a final de año, como forma de reactivar la economía en franco proceso de desaceleración. Hay quienes propugnan por un acuerdo con el FMI como forma de obtener recursos, en tanto otros plantean la emisión de bonos. Tal parece que el Gobierno recurrirá al endeudamiento sin olvidar el estribillo de la canción: Ni contigo ni sin ti tienen mis males remedios; contigo porque me mata, sin ti porque yo me muero. El otro camino es encomendarse a Dios.

