La voz de alarma ha vuelto a sonar sobre la masiva y descontrolada presencia haitiana. Sin que de ninguna manera se recurra a acciones violatorias de los derechos humanos algo tendrá que hacerse para regular la excesiva inmigración. En las calles se pueden contar tantos dominicanos como haitianos, pero en cuanto a presencia en sectores como la construcción los extranjeros lo dominan en forma exclusiva. Los haitianos también controlan prácticamente en su totalidad los que son puestos de frutas, cocos de agua y muchos otros negocios por cuenta propia.El problema no está en lo que hacen, sino en que en la inmensa mayoría de los casos residen y operan sin ningún tipo de regulación. Monseñor Agripino Núñez Collado, el ex canciller Hugo Tolentino Dipp y el diputado Pelegrín Castillo instaron a que se aplique la Ley de Migración a fin de regular la presencia haitiana. Para Núñez Collado la numerosa presencia de indocumentados plantea un problema para la soberanía, en tanto Tolentino Dipp advirtió sobre las consecuencias que puede tener el resentimiento generado por la discriminación y el mal trato a los braceros. Por sus múltiples implicaciones se trata de un problema frente al cual el Gobierno no debe hacerse de la vista gorda.
Métodos policiales
Los métodos que emplea la Policía contra la delincuencia son el mejor termómetro de la atmósfera social. Los agentes que patrullan la ciudad tienen que responder con sus armas frente al menor parpadeo de cualquier transeúnte por la inseguridad que prevalece en las calles. Para los agentes de la Policía cualquier ciudadano de a pie o en vehículo es sospechoso. Sin excepción alguna. Pero los ciudadanos tienen el mismo criterio de los agentes que patrullan las calles para preservar el orden y la seguridad. Un ambiente difícil, que suele causar muertes como las de dos jóvenes que viajaban en una motocicleta ocurrida este domingo en el barrio Los Guandules. Carlos Manuel Roa y Bernie Parra Vásquez, de 23 años, fueron alcanzados por los agentes después de desobedecer, según versiones, una orden de detenerse. Cierto es que se tienen que modificar los métodos de la Policía, pero también hay que fortalecer la seguridad y la confianza en la ciudadanía.

