El ejemplo del magnate estadounidense Warren Buffett, que para contribuir con la solución a la crisis económica pidió un mayor gravamen para las grandes fortunas, está muy lejos de la actitud de sectores como el representado por los propietarios de equipos de béisbol profesional en República Dominicana. Pero quizás, como la economía criolla es más boyante que la de Estados Unidos, se permite lujos, aunque luzcan tan irritantes, como el de cargar al contribuyente gastos para aumentar las ganancias de inversionistas privados. En las condiciones en que está el país son una barbaridad los 138 millones de pesos que invierte el Gobierno en la rehabilitación del estadio Quisqueya. La pelota profesional podrá ser uno de los grandes pasatiempos nacionales, pero de ninguna manera para que se llegue al extremo de desembolsar tan cuantiosa suma para favorecer un negocio privado. Los dueños de equipos, que son los que se benefician del lucrativo negocio sin pagar un centavo al fisco, lo que deberían es cargar con el costo del mantenimiento. Mejor sería que el Gobierno dispusiera de los recursos para reparar instalaciones deportivas como las de Barahona, que no pueden estar más deterioradas y abandonadas.
Lamentos no bastan
La tragedia de los primitos de 2 y 3 años que murieron calcinados durante un incendio provocado por una vela forma parte de un larga cadena de sucesos ocurridos en las mismas circunstancias. Por falta del servicio eléctrico familias tienen que recurrir a velas, que por algún descuido, como el caso de Yazmín Morfi y Janiel Vizcaíno Polanco, suelen tener desenlace fatales. La residencia donde dormían en el dificio 14 de la calle Acapulco, Paseo B, de Los 3 Brazos, ardió en llamas en lo que una joven que los atendía fue a un colmado cercano a comprarles unos pañales. El caso es para reflexionar sobre el precario servicio eléctrico, pero también para que se motiven campañas de orientación a las familias ante las habituales interrupciones en el suministro de energía. Son muchos los incendios, con saldos trágicos, que han ocurrido en medio de apagones por descuidos con velas encendidas. Nadie puede lavarse las manos, pero tampoco conformarse son simples lamentos.
