El incidente protagonizado por un padre desesperado, que tuvo que abrirse paso a tiros para llevar una hija a la sala de emergencias del hospital Luis Eduardo Aybar, refleja el caos que prevalece no sólo en el transporte de pasajeros, sino en torno a centros de servicios. Varias voladoras y carros públicos bloqueaban la entrada al centro médico cuando César Matos llegó en procura de asistencia para una hija de ocho años que convulsionaba. Como los conductores no despejaban la entrada la desesperación lo llevó a hacer los disparos para ingresar al hospital y conseguir que los médicos examinaran a la muchacha. Matos tuvo hasta suerte de que los conductores, que suelen estar armados de revólveres, garrotes y punzones, no repelieran los disparos. Pero el caso es para que las autoridades eviten que las entradas a las emergencias y las puertas de los hospitales, en torno a las cuales abudan negocios de frituras, empanadas y vendedores de frutas y jugos, sean convertidas en paradas de pasajeros. No pueden andarse con paños tibios frente a una anarquía que implica riesgos para pacientes, pero que en cualquier momento puede además causar una tragedia. Gracias a los disparos del desesperado padre la niña pudo ser salvada en el hospital.
Tenis forrados
Los correos humanos se la juegan con todo tipo de recursos para evadir la vigilancia sobre el transporte de cocaína y otras sustancias prohibidas. Arriesgar la vida transportando cocaína en el estomágo es una práctica que por habitual no despierta el menor asombro. La Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD) ha dado cuenta de la detención de un hombre que se proponía viajar a Nueva York con las plantillas de los tenis que calzaba forradas de cocaína. El hombre, de 58 años de edad y detenido en el aeropuerto Las Américas, también llevaba las piernas forradas de la sustancia. Pero los riesgos que corre la gente en el negocio de las drogas no es lo único que llama la atención. También la abundancia de la droga, a tal punto que los viajeros pueden abastecerse en el mercado. Las detenciones de mulas que fracasan en transportar la sustancia se presta para perseguir a los grandes suplidores. No son dos ni tres las personas detenidas con drogas en terminales aéreas.

