Los privilegios y sucesivos conflictos en el sector transporte reflejan una tóxica muestra de temor y falta de autoridad para lidiar con un servicio secuestrado por gremios que han devenido en poderosas empresas. Son los dueños de las firmas que controlan el caótico, inseguro y costoso servicio quienes, con el visto bueno de entelequias como la Oficina Técnica de Transporte Terrestre, imponen las reglas de juego.
Se volvió a demostrar con la interrupción del transporte hace unos días en la zona Sur y con la confrontación en La Romana, que dejó cinco pasajeros heridos, entre la Confederación Nacional de Transporte (Conatra), la Federación Nacional de Transporte la Nueva Opción (Fenatrano) y la oficialista Unión Nacional de Transportistas y Afines (Unatrafín).
La falta de autoridad del director de la OTTT, Héctor Mojica, quedó evidenciada con la renuencia de algunos de los protagonistas a firmar el acuerdo que puso fin al conflicto que interrumpió el transporte hacia la región Sur. En tanto el Gobierno no imponga su autoridad, al margen de los perniciosos intereses políticos, sino en beneficio de los golpeados usuarios las firmas que controlan el servicio de pasajeros y de cargas serán los dueños de las rutas y del trabajo.

