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RADAR

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Vigilancia deplorable

No por desesperadas pueden ni por asomo tolerarse que la gente se haga justicia por sí misma ni la vigilancia de civiles armados  contra la delincuencia y la criminalidad que se ha propagado por el país. Sustituir la Policía y la Justicia en la prevención, persecución y sanción de crímenes y delitos no se corresponde con sistema basado en el Estado de derecho. Que tampoco se acate la advertencia sobre prácticas recurrentes e inaceptables refleja una inquietante crisis de autoridad. El secretario de Interior y Policía, doctor Franklin Almeyda, y el procurador general de la República, doctor Radhamés Jiménez Peña, han desautorizado los grupos de seguridad barrial que públicamente operan en sectores de Santiago y de San Francisco de Macorís con el propósito de prevenir crímenes, atracos, asaltos y otros delitos. Pero se les ha hecho caso omiso. Y conste que no se descarta que haya grupos armados que operen   con el mismo propósito de manera clandestina. Por más desesperada que pueda estar la población contra una delincuencia que en verdad no ha dado tregua de ninguna manera se puede tolerar que bandas asuman el rol que compete a la Justicia y a la Policía. Y entender el mensaje.

Respiro para Haití

La ayuda de 30 millones de dólares que el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) concedió a Haití no es gran cosa para las grandes necesidades de esa nación, pero es algo. Los recursos serán utilizados en la prevención de inundaciones, que suelen hacer estragos en una infraestructura tan frágil, y en la promoción de proyectos agrícolas. Por su condición de pobre, Haití está supuesto a recibir cuantiosas ayudas internacionales. Se trata de un compromiso del Gobierno de Barack Obama, que también ha sido asumido por las Naciones Unidas y el ex presidente Bill Clinton. Con todo y que no llegue con la afluencia que se necesita, pero muchos organismos internacionales trabajan en una salida a la dramática situación haitiana. Los 30 millones de dólares aportados por el BID no alcanzarán para mucho, pero René Préval espera que sea la llave que abra la llegada de la cooperación e inversiones. Si Estados Unidos se lo propone, Haití puede salir de su pobreza extrema.

El Nacional

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