Gobierno Brasil
Contra la pared
La intervención de la presidenta Dilma Rousseff, quien se solidarizó con los reclamos de la calle ni la revocación de la insignificante alza en los precios del transporte público en Sao Paulo y Río de Janeiro, ha contenido las protestas sociales que como reguero de pólvora se han extendido por todo Brasil. Se estima que más de un millón salió a las calles el jueves para reclamar que se castigue la corrupción y que se mejoren los servicios públicos. Pero en esta ocasión las movilizaciones perdieron el carácter pacífico por las confrontaciones con la Policía. Un manifestante murió atropellado por un conductor y decenas han sido detenidos en diferentes ciudades.
El Gobierno y la clase política han quedado perplejos ante la magnitud de movimientos que tuvieron como detonante un aumento de menos de 10 centavos en el precio del transporte. En principio las movilizaciones tenían el sello de un estallido juvenil, pero a medida que han transcurrido los días se han integrado personas de todas las edades. La consigna más sonora es la que pide castigo contra la corrupción. Las protestas, que han dejado sin argumentos a las autoridades brasileñas, constituyen un aviso contra los Gobiernos y la clase política de todos los países.
Labor de detectives
Vecinos del sector Ceuta, de Villa Mella, se han anotado un triunfo como detectives al recuperar más de tres quintales de alambres telefónicos que habían sido sustraídos en la zona. Con el grito al cielo por la frecuente interrupción de los servicios tanto telefónico como de electricidad a causa de los robos, los vecinos tomaron la decisión de montar guardia. En cuestión de horas pudieron dar con una buena cantidad de materiales y con el lugar donde los delincuentes lo procesaban para convertirlos en chatarras. El resultado es una lección para la Policía y demás autoridades, quienes nunca encontraron los medios de recuperar ni siquiera un pie de alambre. Tras su labor tienen la esperanza de que se capture a los responsables y se termine con el robo de alambres, que los perjudica tanto a ellos como a las empresas que suplen los servicios telefónico y de electricidad. La labor hace pensar que si la práctica se ha propagado se debe, más que a la destreza de los cacos, a la inercia de las autoridades.
